¿Por qué ganó Donald Trump las elecciones en USA?. Mis dos centavos neoliberales.

Posted on 15 noviembre, 2016

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¿Qué demonios pasó en Estados Unidos el martes 8 de noviembre de 2016?

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A las 3 de la mañana del 9 de noviembre de 2016, el millonario Donald Trump sale a dar su discurso de victoria ante sus simpatizantes.

¿Cómo un hombre de propuestas ilógicas, racista, misógino, sin experiencia política y bocaza fue elegido presidente de aquel país?

Querido Lector, para hacer una historia larga corta, Donald Trump no ganó las elecciones, perdió por un 0.6% del voto popular, mas o menos, 700,000 votos. Lo que pasó es que Donald Trump cumplió los requisitos para ser declarado vencedor por un loquísimo modo de elegir presidente que se llama el Colegio Electoral.

Ahora que si dispone de tiempo, Querido Lector, me puede acompañar a preguntarle a la historia lo que pasó.

Federalistas extremos.

Nosotros el Pueblo de los Estados Unidos, para Formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, asegurar nuestra Tranquilidad, proveer la defensa común, promover el Bienestar general, y asegurar las Bendiciones de la Libertad para nosotros y la Posteridad, ordenamos y establecemos esta Constitución para los Estados Unidos de América.

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La revolución que independizó a las colonias americanas de la corona inglesa en el siglo XVIII fue de un entusiasmo liberador extremo. La nueva nación se fundó como una república derivada de la unión de estados soberanos más pequeños, nunca más un gran ente homogéneo dominaría a la joven nación. Su ideal fue ser una unión republicana y federal verdadera: los Estados Unidos de América.

Y en el extremo federalista, es que surgió el mentado “Colegio Electoral”, ese que declarará presidente a Trump en diciembre. Es un invento curioso derivado desde la fundación de los Estados Unidos que funciona más o menos así. El presidente de esta república federal extrema es elegido por electores pre asignados a cada estado en un esquema donde, el que gana el voto popular de cada estado, se lleva a su favor a todos los electores al Colegio (hay un par de excepciones irrelevantes). Así, un elector en el Colegio Electoral del enorme Estado de California representa a 700,000 personas, mientras que un elector del pequeñito Estado de Wyoming representa a 200,000 personas. Dicho de otra forma, el voto de una persona en California pesa 3 veces menos que el voto de alguien en Wyoming. Recuerden, la intención de esto es que los grandes no dominarán a los pequeños en la república federal perfecta llamada Estados Unidos.

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En la democracia más famosa del mundo, la máxima democrática de “un voto, un ciudadano” no es real. En Estados Unidos, la elección de presidente es un engorro peculiar que fue explotado por Donald Trump.

El problema es que los Estados Unidos están formados por decenas de estados pequeños, y apenas 4 monstruos (Texas, California, Florida y Nueva York), y cuando el mapa político se alinea de la forma correcta (o incorrecta, dirá el perdedor), los estados pequeños pueden arrasar a la opinión del elector de los grandes estados. Así, esta locura de método ya ha ocasionado que el candidato ganador del voto popular, no tenga la cantidad suficiente de electores en el Colegio y el perdedor del voto popular, tenga que ser declarado vencedor. Esto ya ha sucedido 5 veces, 2 de ellas en las últimas 5 elecciones, una fue con Bush Jr., y ahora el caso de Donald Trump, quien con más de medio millón de votos nacionales menos que su rival Hilary Clinton, será el presidente de los Estados Unidos.

¿Sólo por esto ganó Donald Trump?… pues esa es la razón administrativa, pero no es la razón política.

De guerras civiles y negros linchados.

Vean al tren, muchachos
viajando por la principal
Cubierto en negro, no volverá.
Es el tren funeral de Lincoln,
con el retrato del mártir
baleado por el traidor.
Suenen la campana y díganle adiós
al Gran Emancipador.

Lincoln’s Funeral Train – Norman Blake.

El Colegio Electoral ha inhibido la existencia de partidos políticos pequeños y ha perpetuado la existencia de sólo 2 grandes partidos políticos en Estados Unidos, el Partido Demócrata y el Partido Republicano. Dentro de ellos, se han amontonado como han podido todas las corrientes de pensamiento político a lo largo de la compleja y tortuosa historia de aquel país. En estos dos enormes partidos han coexistido y oscilado todas las facciones ideológicas, religiosas, económicas y demográficas.

La división más dolorosa y persistente es sin duda, la división racial. Sus raíces se pueden trazar hasta la Guerra Civil del norte contra el sur que terminó con la esclavitud del negro y la horrible derrota de los estados sureños, su consecuente atraso económico con respecto a los vencedores del norte y un resentimiento social tan profundo y necio, que es incomprensible para el extranjero. El paladín de la república, la libertad y la abolición de la esclavitud fue Abraham Lincoln y era un… ¡republicano!, el mismito Partido Republicano que postuló a Donald Trump. Y antes, el partido supremacista blanco, era el Demócrata y sus líderes en la noche, vestidos del Ku Klux Klan (ese que hoy apoya a Trump), linchaban negros y los colgaban en los caminos de Alabama.

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Barack Obama, el presidente de la Coalición Arcoíris, realiza un homenaje a Rosa Parks, aquella dama negra que, en el cenit de la segregación racial, se atrevió a sentarse en un asiento reservado para blancos.

Al haber sólo dos opciones electorales viables, las distintas facciones se han amacigado a lo largo del tiempo ahí, se han dado vuelta de tortilla, y se han confrontado cantidad de veces. Hasta que llegamos al estándar de la política moderna estadounidense: el Partido Republicano representa a los blancos del campo de vida aislada y culturalmente homogénea, y el Partido Demócrata a la gente estudiada de las ciudades multiculturales.

Las costas y el norte de Estados Unidos son demócratas (color oficial azul), los estados sureños son republicanos (color oficial rojo), casi igualito que en la guerra civil, pero volteados de nombre de partido ahora. A esta división, se le debe agregar el flujo de migrantes latinoamericanos y su descendencia, tanto los ideologizados (léase cubanos, republicanos) o paupérrimos económicos (léase mexicanos y portorriqueños, demócratas). También el despertar político de jóvenes descendientes de padres culturalmente diversos con altas expectativas en la economía avanzada de las ciudades (demócratas protosocialistas) contra la de los hijos de los blancos viejos acostumbrados a vivir en la homogeneidad racial del campo (republicanos protofascistas).

Por 30 años, existió el balance casi perfecto 50/50 del electorado entre los dos partidos (con un par de intromisiones de un tal Ross Perot) ocasionando elecciones muy cerradas. Barack Obama, el primer hijo de la sociedad multicultural, llegó a la presidencia gracias a la “Coalición Arcoíris”, un muégano informal y no uniforme de blancos progresistas, sindicalistas obreros, negros y latinos, gente piadosa de buena fe, luchadores sociales y pacifistas. En las dos elecciones previas a la de 2016, la Coalición Arcoíris inclinó la balanza hacia el lado del Partido Demócrata con participaciones electorales muy abundantes para estándares norteamericanos, cercanas al 60% y márgenes bastante cómodos para Barack Obama.

Esto había, hasta hace un año, cuando Donald Trump ideó una forma de desvencijar esta balanza. Ya sabemos que lo logró, pero ¿cómo?.

Donald Trump no es un idiota.

Tenía 8 años y una moneda en la mano
entré a la parada del autobús
y le compré a mi viejo un periódico.
Me sentaba en sus piernas
y en ese viejo Buick, tomaba el volante
mientras manejábamos por el pueblo.
Me despeinaba el pelo y me decía
“mira bien hijo, este es tu pueblo”.

My Hometown – Bruce Springsteen

Y la palabra clave es Neoliberalismo, esa ideología económica que niega la existencia de la sociedad y que considera que todo es una mercancía. En los últimos 40 años, el Neoliberalismo ha sido la ideología económica dominante en Estados Unidos (ver este otro post sobre la historia del Neoliberalismo), y ha sido apoyada por demócratas y republicanos por igual.

De por sí el capitalismo tradicional genera ciclos “normales” de creación y pérdida de industrias, el Neoliberalismo y su acelerado movimiento de capital, los hace peores. Y la industria que más ha sufrido la indiscriminada aplicación de esta ideología, es la industria manufacturera y de transformación de materias primas. El Neoliberalismo y su objetivo de maximizar ganancias y eliminar la función social de las empresas, se materializó en forma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Canadá y México (TLC). La industria manufacturera se fue al lado mexicano de la frontera, donde podía pagar sueldos bajos a obreros agachones y lo que dejó atrás, fueron cientos de ciudades y millones de personas sin empleo.

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El rastro dejado por la industria abandonada y que da el nombre al Cinturón del Óxido que rodea a los Grandes Lagos. El pueblo es Brownsville, PE. Un lugar que ha perdido al 70% de su población. Trump ganó con 8 de cada 10 votos aquí.

En sólo dos décadas, el Cinturón de Hierro que conglomeraba a las industrias de manufactura y transformación más grandes de Estados Unidos se volvió el Cinturón del Óxido. El nuevo apodo se le otorgó por el rastro de molinos, fábricas, hornos, y minas abandonadas. Los desempleados quedaron sumergidos en un lodo de pobreza, crimen y drogas. Cientos de ciudades norteamericanas, antes habitadas por obreros sindicalizados y orgullosos, ahora quedaban abandonadas y perdiendo su base de contribuyentes. Muchas de ellas se estancaron en su crecimiento (Green Bay y Milwaukee en Wisconsin), otras perdieron más de la mitad de su población, por ejemplo Detroit (Michigan) y Pittsburgh (Pennsylvania), esta última, la casa de Los Acereros, el equipo obrero por excelencia de futbol americano.

Aunque algunas ciudades lograron transitar a una economía basada en turismo y educación (ej. Philadelphia), muchas otras se quedaron atrás. Esta desgracia social está plasmada en numerosas obras culturales, desde las canciones de Bruce Springsteen y Bon Jovi que hablan de lo horrible que fue para las familias planear su exilio, hasta la comedia Zoolander donde se retrata el abismo entre las pujantes ciudades y los miserables pueblos.

Y aquí entra Donald Trump, quien es un economista egresado de una de las mejores escuelas de rubro y un tipo astuto a más no poder. Trump y su equipo de campaña identificaron perfectamente que jamás podrían arrebatarle a los demócratas aquellos estados de alto índice educativo y que se han beneficiado del libre comercio (California, New York, Massachusetts). Pero si observaron que de todos los bastiones del Partido Demócrata, el que tenía las defensas más bajas era el Cinturón del Óxido. Michael Moore, un estudioso y satirizador incasable del Neoliberalismo, lo explicó hace MESES. Con un amplio segmento de la población olvidado por el Neoliberalismo, el Cinturón del Óxido sería la clientela perfecta de su discurso y de su slogan de “Hacer a América grandiosa otra vez”. Un telegrama dirigido claramente a la población del Cinturón del Óxido que necesita empleos, tiene resentimientos contra México y su “hurto” de empleos, contra los migrantes con los que nunca han convivido, y lo más importante, votantes demócratas que se sienten traicionados por su partido al que le habían sido fiel por 20 años, tan fieles que los demócratas les creían la impenetrable Muralla Azul.

La caída de la Muralla Azul.

La otra noche, Kate y yo
acostados en la cama
hablamos de largarnos,
empacar todo e irnos al sur
Ahora tengo 35 y un hijo mío
La otra noche, lo senté atrás del volante
y le dije “hijo, mira bien alrededor,
este es tu pueblo”.

My Hometown – Bruce Springsteen

El único obstáculo entre el discurso populista, conservador y antineoliberal de Donald Trump era el candidato populista, progresivo y antineoliberal del changarro de enfrente: el senador de Vermont, Bernie Sanders.

Barack Obama ya no podía postularse como candidato en esta elección, pues la Constitución se lo prohíbe. De tal forma, el Partido Demócrata debía encontrar un candidato y dos personas alzaron la mano. Una fue Hillary Clinton, esposa del ex presidente Bill Clinton y firmador del TLC, senadora gustosa de guerra por muchos años, ex Secretaria de Estado, antigua rival de Obama, millonaria y adoradora de los tratados de libre comercio que empeoraron al Cinturón de Óxido. El otro candidato era Bernie Sanders, un senador independiente reelegido por avalancha durante décadas, reconocido luchador social, férreo opositor a las guerras depredadoras de Bush, autodenominado socialista, campeón de los trabajadores del campo y la ciudad, archienemigo de la codicia de los grandes bancos y ferviente crítico de los excesos del Neoliberalismo. Terna más disímil no podían tener en el Partido Demócrata.

Mientras la campaña de Hillary lucía desolada y aburrida. Bernie Sanders condujo una de las campañas políticas más emotivas que se han visto en los Estados Unidos. Bernie se rehusó a tomar el dinero de las corporaciones y fundó su campaña con donaciones de la gente sencilla. Empacó mítines con todos los componentes de la reconstruida Coalición Arcoíris y la nueva generación de jóvenes votantes multiculturales. Aún más importante, Bernie era el campeón de la Muralla Azul, esos estados obreros fieles al Partido Demócrata reducidos a un Cinturón de Óxido por el Neoliberalismo. A Bernie le apodaron “Pajarito” por aquel mágico momento en que un pajarito se paró sin miedo alguno en su podio y pareció susurrarle algo antes de volar en medio de lágrimas y aplausos de sus seguidores.

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El momento en que el pajarito deja sorprendido a Bernie Sanders, el veterano senador y verdadero campeón por décadas de las mejores causas del pueblo en Estados Unidos. Vean el rostro de sus seguidores, negros, latinos, jóvenes, mujeres, el renacimiento de la Coalición Arcoíris.

Pero la élite neoliberal de los Clinton, que posee al aparato político del Partido Demócrata, no dejaría que el Pajarito Sanders volara muy lejos. Le inyectaron millones de dólares a la campaña de Hillary, le negaron el voto a millones de votantes del Pajarito Sanders, le hicieron un apagón mediático a la campaña del senador, y torcieron las reglas a más para tropezarlo y derrotarlo. Nada los detuvo, ni las encuestas que decían que el Pajarito Sanders aplastaría a Trump por más de 15 puntos porcentuales y que Hillary estaba empatada con Trump, Ms. Clinton fue la candidata.

¡Cuánto le debieron brillar los ojos a Donald Trump!. Con El Pajarito Sanders fuera de la contienda y la Coalición Arcoíris humillada por la dirección del Partido Demócrata, el Cinturón del Óxido y su Muralla Azul estaban listos para ser tomados por asalto. Y así lo hizo. Donald Trump arrojó millones de dólares y anuncios al Cinturón de Óxido para voltear sus preferencias, les prometió recuperar los empleos robados, hacer a América genial otra vez.

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Donald Trump diseñó su campaña para hacerse pasar como el candidato de los trabajadores. Y aunque no convenció a todos, sí logro convencer a los necesarios.

El día que Hillary perdió definitivamente la posibilidad de la presidencia no fue el martes 8 de noviembre, fue el 9 de septiembre, el día que dijo que los seguidores de Donald Trump pertenecían a la “canasta de los deplorables” (basket of deplorables), ¡vaya cachetada a 55 millones de ciudadanos!. Ese día, los votantes que de por sí dudaban de Hillary en el Cinturón del Óxido, confirmaron que ellos sólo eran basura para la élite neoliberal de Washington, ese día Hillary selló su ataúd (vean el comercial de respuesta de Trump).

Aquí tengo los datos de las elecciones de 2012 (Obama vs Romney) y de 2016 (Hillary vs Trump). De los 15 estados en los que Hillary perdió más votos respecto a Obama, 9 fueron estados del Cinturón de Óxido, y de ellos, Trump le volteó la tortilla a los demócratas en 4: Ohio, Michigan, Wisconsin y Pennsylvania. En los otros estados oxidados, como Minnesota y New Hampshire, Hillary ganó con las uñas y en New York y New Jersey, fue salvada por los habitantes multiculturales de la Gran Manzana. La pérdida de votos total en el Cinturón de Óxido para Hillary fue de 2,240,000 votos.

Aunque un millón de votantes republicanos también abandonaron a Donald Trump con respecto al pasado candidato republicano, casi 6 millones abandonaron a Clinton respecto a Obama, la mitad en California y en Washington y la otra mitad en el Cinturón del Óxido. Aún así, Hillary ganó el voto popular en 2016, pero con la volteada de tortilla en los 4 estados oxidados, el Colegio Electoral fue directo para Trump.

Los demócratas neoliberales quitaron al Pajarito Sanders del camino de Donald Trump, quien con su estrategia de hipnotizar a los obreros oxidados, le pegó en el hígado a los demócratas. Cualquiera que haya crecido bajo el neoliberalismo sabía que la base obrera es el segmento de la población que más ha sufrido bajo esta torcida ideología, y en esta elección, le pasó la factura a las élites neoliberales del Partido Demócrata. Así pues, después de esta larga explicación, por fin encontramos a la razón política del ascenso de Donald Trump.

Falta lo que Falta.

Y a todos nos ningunean
y nos jalonean
como al toro.
Enorme y furioso,
pero de alguna forma sometido y dominado
por esos anillos gruesos en su nariz

Scale Down – Appalachia Rising

Mientras escribo esto, miles marchan en las calles de las grandes ciudades de USA. Esas ciudades que votaron en avalancha por Obama y por Hillary en las últimas tres elecciones. No piden la anulación de la elección, pues no hubo ninguna trampa, Donald Trump jugó el juego y legalmente lo ganó. Lo que esta gente protesta son las peligrosas políticas que Trump prometió implementar.

Son los adolescentes que llegaron de niños sin papeles, son las mujeres que defienden sus cuerpos y que no quieren que les “agarren la panocha“, son los nativos americanos que protegen sus cementerios de los oleoductos, son los negros acosados a diario por la policía de los blancos, son los padres de familia que quieren Justicia para Todos, son los migrantes que han hecho a América un gran país, son los ecologistas que saben que el planeta no aguanta más, es Bernie Sanders y sus guerreros que desde el primer minuto del triunfo de Trump están en pie de lucha. Pero también son los obreros que no fueron engañados por el veneno de Trump y que son muchos más. Son los “Nosotros el Pueblo” con el que empieza la Constitución de los Estados Unidos de América.

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Los estadounidenses multicolores están tomando las calles para oponerse a las medidas políticas protofascistas del presidente electo Donald Trump y a las fallas estructurales de la democracia de su país.

Y es que nadie sabe si Donald Trump va en serio, o como dijo Mike Moore, que todo empezó como una mala broma que ahora está fuera de control. Los que conocen a Trump dicen que él no es realmente la persona que incitó al odio racial y a la misoginia, dicen que todo fue un truco de Reality Show para ganar la elección. Pero “Nosotros el Pueblo” cree que va en serio, y su plan de deportar a 3 millones de personas en el próximo enero que tome posesión, suena a que Hitler está desempolvando los trenes para expulsar judíos del Lebensraum. También quiere imponer jueces que priven a las mujeres de sus derechos reproductivos, su nuevo gabinete comienza a formarse por negadores del cambio climático, racistas desruborizados y halcones de guerra.

Aunque Donald Trump no sea un millonario neoliberal (no tiene dinero en paraísos fiscales) y todos sus trucos de magnate sean del capitalismo tradicional, sus promesas hacen creer que vendrán tiempos oscuros para Estados Unidos y por ende, para el resto del mundo incuido su vecino, México. Las promesas más horribles son que México deberá construir en la frontera un muro, de que detendrá el libre movimiento de capital (remesas mexicanas), que aplicará aranceles a productos extranjeros (mexicanos) y que expulsará a millones de migrantes (mexicanos); con ello quebraría a la columna vertebral económica de México tan dependiente del neoliberalismo y el Tratado de Libre Comercio, que también Trump prometió abrogará. Eso se refleja en la peor devaluación del peso en décadas.

Al mundo le prometió tortura indiscriminada a sospechosos de terrorismo, mostrar más agallas ante los problemas del mundo (bombas, supongo), seguir contaminando el planeta con industrias sucias, abandonar a los aliados del Atlántico Norte a su suerte con Rusia y sacarle las uñas a China.

Es el fin de una época y el principio de otra, de la cuál no tenemos mucha idea de qué se trata, pero se parece mucho al ascenso de otro populista de derechas de nombre Adolf y de apellido Hitler. Donald Trump no ha matado a nadie, Hitler tampoco había matado a nadie cuando fue electo Canciller.

Al igual que “Nosotros el Pueblo”, yo no creo que sea una mala broma, es la implosión del capitalismo neoliberal. Como dicen los compas zapatistas, estudiosos del neoliberalismo y probablemente su peor enemigo, el capitalismo moderno es una hidra. Esta elección fue el combate entre la cabeza del capitalismo protofascista (Trump) contra el capitalismo neoliberal (Hillary) y el gran ganador se regodea con la cabeza del perdedor en sus fauces. Creo con toda fe, que si el mundo sobrevive a esta pesadilla, será el fin del capitalismo neoliberal y una gran oportunidad para avanzar en opciones por la Humanidad y el planeta.

A “Nosotros el Pueblo” les digo: hermanitos y hermanitas, en esos puños suyos que se alzan reside el futuro del planeta, en sus pies que hoy marchan reside el sueño de los niños pequeños. No se rindan, no se vendan, no dejen de luchar, únanse, rehagan la Coalición Arcoíris, acérquense al obrero y al campesino de su país, encabrónense y organícense. La línea de combate contra el protofascismo capitalista está en su país, el mundo los observa y los justos están con ustedes.

Falta lo que Falta, compas.

Creo en una Revolución

creo que tiene manos

Creo en sus manos gruesas

que se hacen fuertes a

diario en el hombre

Porque mira,

soy un herrero

de metal y palabras,

y una oveja pintada de negro

también.

 

Scale Down – Appalachia Rising

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