El Cinco de Mayo y los violadores de la historia.

Posted on 7 mayo, 2013

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Para tener a una nación sometida hay que arrancarles a sus habitantes su orgullo y motivación. Hay que contarles que descienden de una raza de perdedores -que tienen que obedecer- que sus contadas victorias han sido insignificantes, que sus héroes son inventados, que no son nadie -que obedezcan- que sus días de gloria y rebeldía no existieron nunca en ellos, ni en sus padres, -que es mejor obedecer- ni en sus abuelos, ni en los abuelos de sus abuelos.

Así andan pululando los violadores de la historia, gentes disfrazadas de intelectual que van destruyendo lo que a sus ojos son falsos ídolos. Según ellos van tumbando mitos sin importar cuan sustentados estén en documentos, testimonios,  testigos y cultura popular. Para los violadores de la historia no existieron El Pípila ni los Niños Héroes –que es mejor obedecer- y que el Cinco de Mayo fue una victoria insignificante.

A los violadores de la historia le molestan las batallas donde los héroes fueron gente de a pie, indios pata rajadas, nacos chinacos. Les molesta la Batalla del Cinco de Mayo.

Tiempos difíciles de 1861.

El siglo XIX fue una época tormentosa para la Nación Mexicana. En 1861, la República mexicana apenas tenía 40 años de existencia y venía saliendo de una terrible guerra conocida como la Guerra de Reforma donde el Supremo Gobierno de Benito Juárez había peleado contra los conservadores monárquicos y católicos para sostener a la forma de gobierno liberal y separada de la iglesia.

A pesar de que el gobierno de Juárez salió victorioso de la Guerra de Reforma, el país estaba en añicos de infraestructura, con bolsas de guerrilleros conservadores en el interior del país, con un crecimiento negativo de población gracias a la muerte y con deudas hasta el cuello con las potencias europeas.

Cuando España, Inglaterra y Francia unieron fuerzas para recuperar sus pagos. México que apenas se venía levantando de la guerra civil, se tuvo que colocar en pie de guerra otra vez cuando los buques europeos desembarcaron sorpresivamente en Veracruz el 31 de octubre de 1861. Diez mil soldados extranjeros se instalaron en Veracruz, su peor enemigo fueron las fiebres tropicales que empezaron a socavar sus fuerzas.

Los españoles y los ingleses se fueron, pero los franceses se quedaron con una fuerza de 6200 hombres, formaron una alianza con los derrotados traidores conservadores y avanzaron tierra adentro tomando a Orizaba y Córdoba, las ciudades bajas del Golfo de México.

La primera mentira de los violadores de la historia es que dicen que la fuerza invasora francesa no era un ejército sino una fuerza expedicionaria. Estos pobres ignorantes no saben que los ejércitos que pelean en naciones extranjeras siempre se llamarán “fuerzas expedicionarias”, sin importar el número de hombres que tengan.

Las fuerzas francesas eran un violento ejército profesional que en ese momento se encontraba en su cenit de expansión imperial, peleaban desde Crimea hasta China, y México era su próxima estación de conquista.

Otra mentira de los violadores de la historia es que los 6200 hombres de las fuerzas francesas eran insignificantes, ¡más gente va a ver un partido del América en el Azteca!, ¿cierto?. México en aquel entonces era una nación de apenas 8 millones de habitantes. Si hoy en día un ejército francés nos invadiera, su equivalente sería de 93,000 soldados, ¡la misma proporción de la invasión Yankee en Vietnam!.

No hay que olvidar que los conservadores tenían a su mando una cantidad similar de traidores mexicanos apoyando a los franceses.

Que le quede claro a los violadores de la historia: la fuerza expedicionaria francesa era un ejército completo, en la proporción correcta para conquistar México, superiores en número y en recursos que los patriotas de Benito Juárez.

Cinco de mayo de 1862.

La Batalla de Puebla no fue una escaramuza, fue una batalla completa de dimensiones épicas.

La Batalla de Puebla no fue una escaramuza, fue una batalla completa de dimensiones épicas.

Cualquiera que haya disfrutado de viajar por esta hermosa nación mexicana, sabe que una vez tomadas las tierras de Córdoba y Orizaba, el único obstáculo para llegar a la Ciudad de México -corazón de está nación- es la Ciudad de Puebla. Ahí fue donde se daría el primer encontronazo entre los invasores y los patriotas.

Ignacio Zaragoza fue el héroe que estuvo al comando de las fuerzas patriotas. Nacido en lo que hoy es Texas, Zaragoza era un jóven pero destacado general mexicano. Al ver la masa francesa, decidió tomar una posición defensiva en los fuertes de Loreto y Guadalupe, pero sin olvidar el uso de guerrillas de alta movilidad que molestaran al enemigo.

Seis mil 200 soldados franceses chocaron contra 4500 mexicanos. Los violadores de la historia dicen que esto no fue una batalla, que apenas fue una escaramuza. Si volvemos a hacer las proporciones a los tiempos modernos, esto hubiera sido una batalla de 93,000 franceses contra 67,500 mexicanos. Esto sería la mitad de la Batalla de Stalingrado, ¡la batalla con más combatientes en la historia moderna de la humanidad!.

El ejército moderno mexicano tiene 300,000 hombres. Si hoy fuera la batalla de Puebla otra vez, el Ejército Mexicano tendría que comprometer a una quinta parte de sus hombres en una sola batalla. Que quede claro a los violadores de la historia: la Batalla de Puebla fue un choque de titanes, cualquiera de estos cobardes intelectuales se cagaría en los calzones al ver a los franceses con balloneta calada y cubiertos por artillería abalanzándose contra ellos al grito de “¡Vive l’Empereur!”.

Tiempos violentos de los 1800’s.

La Batalla de Puebla fue una victoria de alto valor estretégico y moral en la resistencia contra el Imperio Francés en plena expansión.

La Batalla de Puebla fue una victoria de alto valor estretégico y moral en la resistencia contra el Imperio Francés que estaba plena re-expansión.

La victoriosa batalla en sí merece un análisis extenso como el que el historiador Paco Ignacio Taibo II ya ha hecho (Los libres no conocen rivales) y que desafortunadamente no he leído todavía (se acepta el libro como regalo de cumpleaños). A donde voy es que los violadores de la historia dicen que fue una victoria inútil pues al año siguiente los franceses regresaron con 30,000 hombres y se metieron hasta la cocina, expulsaron a Juárez de la Ciudad de México y prácticamente conquistaron y gobernaron casi todo México por cuatro largos años.

Estos ignorantes no aprecian que la Batalla de Puebla atrasó un año entero el avance francés al interior de México. Dio tiempo al Supremo Gobierno de planear una reconstrucción del ejército, reponerse de la muerte por tifo de Ignacio Zaragoza, diseñar una retirada ordenada, forjar una alianza con el gran Abraham Lincoln, organizar guerrillas de patriotas que no dejarían ni ir a mear a los invasores y más importante, le dio a los patriotas el orgullo de saber que sus espadas y balas podían perforar los cuerpos franceses igual que a los de cualquier otro soldado. ¡Viva Ignacio Zaragoza! fue el grito de batalla durante el contrataque de los patriotas.

Otro falso dilema es el papel de Porfirio Díaz en la guerra. Nadie, nunca, en su sano juicio se atrevería a negar que Díaz fue un héroe de la guerra francesa y que México le debe mucho por su valor e inteligencia, pero eso no le desmancha su papel como dictador en la vejez. Muchísimos héroes han enloquecido por el poder, Alejandro Magno, Julio César, SantaAnna, Petain, de Gaulle y por supuesto, Porfirio Díaz. No hay dilema, nuestros héroes fueron hombres y mujeres de su tiempo con virtudes y defectos, como Don Porfirio.

La cruenta resistencia a la invasión francesa dejó muchos muertos y dolor por todo el país. Pero al final, los patriotas ganaron y la decisión de los destinos de México cayó sobre los mexicanos. Muchos traidores modernos se lamentan que Francia no haya consolidado su intervención en México, parece que se les olvida que las antiguas colonias francesas en África y en Asia no la están pasando muy bien y de hecho, viven peor que nosotros, lo cual es mucho decir.

Con orgullo hay que decir, ¡viva el cinco de mayo!, ¡viva Ignacio Zaragoza!, y hasta si quieren, ¡Viva Porfirio Díaz!… el joven.

Pero los violadores de la historia son tan cínicos que no se dan cuenta que sus mentiras las escriben en castellano y no en francés.

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