Cruces de madera – El Albergue Decanal Guadalupano de Migrantes en Tierra Blanca.

Posted on 10 agosto, 2012

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Muchos ojos por todos lados, asustados y enojados, cansados y taciturnos. Entre los arbustos, por los callejones. Por encima de bocas que se alimentan desesperadas. Ojos que no dejan de moverse de un lado a otro. Nunca había visto esos ojos en un humano, sólo los había visto en los perros rengos cuando levantas la mano fingiendo arrojar una piedra. Muchos ojos a los lados de la vía del tren, muchos… demasiados.

Dedicado con máximo respeto a todos los católicos de base que mantienen funcionando a los albergues de migrantes por todo México, en especial a la Madre Dolores y al Padre Solalinde.

Tierra Blanca, Veracruz, julio de 2012. Es temporada de muerte por la narcoguerra que azota la región y es temporada de lluvias por los huracanes caribeños. Esta es una ciudad que aún se le nota que tuvo tiempos mejores. Si tienes buen ojo, verás ruinas de la época de Don Porfirio, de cuando aquí era un rico paso del novedoso ferrocarril. Hoy es sólo otra ciudad que poco produce y otro nodo de comercio de fayuca china para gente pobre que no tiene a dónde más ir.

Cuando los humanos son mercancía.

Las ruinas urbanas de Tierra Blanca indican que alguna vez aquí fue un lugar de bonanza, hoy ya no.

Tierra Blanca es uno de los frentes calientes de la narcoguerra, aquí el negocio no es la droga, el verdadero negocio es un spin  de las bandas de chacales: es el tren y su carga.

La carga consiste en humanos que desean llegar a Estados Unidos, vienen desde centroamérica, desde esos países que han sido maltratados por 100 años de dictaduras y guerras continuas, donde la barbarie que apenas estamos conociendo los mexicanos allá tiene ya décadas instalada.

Hondureños, Guatemaltecos, Salvadoreños y Nicaraguenses viajan penosamente sobre las espaldas metálicas de los vagones del tren, el viaje dura semanas y hasta meses. Durante este tránsito por México son presas de ex-humanos transformados en zombies por su uniforme del Instituto de Migración o su medallón de oro de Los Zetas.

Les roban su dinero, son secuestrados para que sus familiares en Estados Unidos paguen rescate, son esclavizados en tareas domésticas o agrícolas, son balaceados por gusto, las mujeres son sistemáticamente violadas o enroladas en redes de prostitución. No pocos desaparecen en el camino.

Como si los zombies no fueran suficiente desgracia, el tren que ellos conocen como “La Bestia” se mueve pesadamente, y te adormece, y te deja caer y te roba de un mordisco un brazo o una pierna. No hay que olvidar al clima. Pasan por calores y lluvias extremas del sureste mexicano y suben a los fríos secos de las Cumbres de Maltrata, mejor ni imaginarse los desiertos del norte. Traen su piel roja e hinchada de tantísimo sol, tienen que cargar cobijas en su tránsito por el calorón y no les bastarán para calentarse más delante en las faldas del Pico de Orizaba.

Y además hay que comer, ¿qué chingados comes cuando llevas 15 días en una tierra hostil donde te han robado todo y te han dejado débil como hoja seca?.

Los rumores sobre un oasis.

Un migrante pidiendo comida en un cruce del tren, esta escena se repite por todo el papalopan.

La situación es todavía peor en estos días. Las fuertes lluvias de la temporada de huracanes tumbaron los puentes del ferrocarril en Loma Bonita, otra narcociudad miserable. Miles de migrantes se han quedado atorados en esta región selvática, sólo les queda seguir a pie por las ciudades cercanas buscando comida.

Cargando sus cobijas y sus pieles hinchadas van mendigando, en los topes, en los semáforos, en las afueras de los supermercados y de las abarroteras, cualquier paso hacia el norte es ganancia, cualquier comida es manjar.

Saben que los mexicanos somos aficionados a la numismática y agitan sus pobres billetes centroamericanos para venderlos y comprar algo de comer. Así es como me enteré del puente caído y del destino inmediato que buscan: un albergue que está en Tierra Blanca, a 60 kilómetros de Tuxtepec.

Los rumores dicen que ahí habrá un plato de comida caliente, ahí estarán seguros de día. Les han dicho que los zombies se han retirado temporalmente porque la marina ha tomado por asalto la ciudad. Ahí podrán esperar mientras las vías son reparadas para después seguir escalando a su Gólgota norteamericano.

La Virgen de cemento.

Tierra Blanca está prácticamente sitiada por la marina y el ejército mexicanos. Aquí un patrullaje típico de los cuales hay muchos dentro de la ciudad. Por ahora los chacales se han ido, pero las condiciones para que regresen siguen ahí.

Por esta vez los rumores son ciertos, Tierra Blanca está rodeada en un primer perímetro por el Ejército y sus modernos retenes con máquinas de rayos X y pelotones bien equipados. En un perímetro interno decenas de infantes de marina patrullan la ciudad armados hasta los dientes, son acompañados por la nueva Policía Veracruzana, supuestamente incorruptible.

En todas las iglesias de Tierra Blanca está bien señalizado dónde está el Albergue Decanal Guadalupano de Migrantes y me dirijo hacia allá.

En el camino es donde veo al mar de ojos y en medio de él, a una imagen de la Virgen de Guadalupe en cemento. A un lado de ella está una fila larga de migrantes agotados que esperan pacientemente un plato de arroz con frijoles, hoy tienen suerte pues también trae calabacitas y tortillas. Aquí se resuelve la pregunta de la comida, aquí es donde comen algo, además de las galletas y los sandwiches rancios que les dan en las carreteras.

Mis ánimos antigobierno se quedan calmados al ver una brigada bien equipada del Gobierno Estatal que trae camionetas, medicinas, enfermeras y letrinas móviles. Esto es una emergencia humanitaria donde miles están en peligro, nadie puede esconderlo ya y en esta ocasión están respondiendo.

Cruces de madera.

La Hermana Dolores organiza a los migrantes que esperan el almuerzo al pie de Tonantzin en el Albergue Decanal Guadalupano de Tierra Blanca. Foto: Impulso Político.

Al tocar la puerta salen jóvenes con acentos de familias pudientes y cruces de madera en el cuello, son católicos verdaderos que trabajan como voluntarios en el albergue. Les pregunto cómo se puede ayudar y qué necesitan, me dicen que le hablarán a la Hermana Dolores.

Unos minutos después sale una mujer blanca, alta y fuerte, secándose las manos y dando instrucciones, me saluda amablemente y me explica lo que hacen y lo que necesitan: zapatos, calcetines, ropa de hombre, arroz, frijol, aceite, sal. Me despido de ella y le prometo que cada vez que pase por Tierra Blanca pasaré a dejar algo, ella me da la mano y me regala una sonrisa.

Decido no quitarle el tiempo con pensamientos tontos, como el de que me recuerda mucho a la Madre Paloma, mi maestra de la primaria de monjas a las que asistí felizmente durante cuatro años, y que aunque no me quiso enseñar la Teoría de la Evolución de Darwin, me enseñó mucho de amar al prójimo como a mi mismo.

En eso estábamos cuando La Bestia bufó poderosamente, a la Hermana Dolores se le sale otra sonrisa “¡por fin!, ya van a empezar a salir los trenes”. Los ojos se levantan del suelo, las cobijas se empiezan a doblar y las sombras siguen su penoso camino.

La solidaridad no tiene credo.

La Bestia bufa anunciando que reinicia su viaje a los Estados Unidos, la nación cuyo gobierno ha despedazado a centroamérica por cien años. Su caliente espalda será el medio de transporte de los migrantes.

Hoy, gracias a estos católicos de base los migrantes hallaron descanso aquí, quién sabe mañana dónde lo encontrarán.

Los albergues de migrantes están bajo constante acoso en múltiples frentes. Los jerarcas católicos de cruces de oro son ambiguos y poco generosos con ellos, los vecinos de los albergues presionan por su cierre pues temen a esos ojos y a esas sombras, los chacales de la delincuencia los ven como enemigos al proporcionar un punto de encuentro y protección a sus potenciales esclavos, las autoridades son omisas y ofrecen pocas garantías, la última vez que fui al albergue de Tierra Blanca ya no estaba la brigada del Gobierno del Estado.

Cada vez que voy llevo a mi familia completa, a la Hermana Dolores le gusta saludar a nuestra bebita y espero que algún día estas visitas además de solidarias sean educativas para la pequeña. También quiero que los migrantes sepan que no todos los mexicanos somos unos zombies hijos de puta.

Hace mucho tiempo dejé de usar mi cruz de madera. Se rompió, se me olvidó pegarla y se perdió en el desencanto ante las cruces de oro. Pero la solidaridad no conoce de credos, menos aquí en Tierra Blanca, zona caliente de la narcoguerra, puerta del Papaloapan, la Novia del Sol, tierra sembrada con semillas de dignidad por católicos y descanso de hermanos migrantes centroamericanos.

P.D. Solidarízate con los migrantes. Visita el blog en internet del Albergue Gudalupano en este enlace para saber cómo ayudar, su localización, y más sobre el tema.  El blog del Padre Alberto que cuenta desde un punto de vista más de fé su experiencia en el albergue, checate este video también con entrevistas a los migrantes.

El mapa de la travesía por el hostil territorio mexicano. El destino final es los Estados Unidos, el mismo país genocida que los expulsó de su terruño.