Un democrático día en el Tercer Mundo (de mapaches, fraudes y trincheras).

Posted on 3 julio, 2012

5


En los días previos a estas elecciones la manipulación de la decisión popular en los medios fue obscena. Milenio, El Sol, Universal y otros medios sin ética ni escrúpulos anunciaban mediante encuestas de opacas metodologías una victoria de doble dígito del Partido Revolucionario Institucional (PRI) sobre su más cercano perseguidor. Durante tres meses nos dijeron que cualquier cosa que hiciéramos era insuficiente para alcanzar al puntero.

A pesar de ir supuestamente ganando, la máquina de comprar votos del PRI se echó a andar. Miles de pesos fluyeron desde las oscuras estructuras del viejo y autoritario partido (lavado de dinero, desvío de recursos, dinero sucio) hacia los sectores sociales más sensibles a ser comprados: los miserables urbanos y rurales.

¿Por qué si las encuestas anunciaban que el PRI aplastaría en la elección se encendió la compra de votos?. Era obvio que alguien mentía, y lo más seguro es que fueran los medios y sus encuestas.

 Dedicado con máximo respeto a todos mis compatriotas que a pesar de su tremenda necesidad no vendieron su voto y acudieron de forma conciente a las casillas.

Elección en mi barrio.

Así nos levantamos el Primero de Julio de 2012, enojados y alertas. Seguiríamos a los compravotos del PRI, los filmaríamos o les tomaríamos fotos, nos quedaríamos estoicamente frente a la casilla siempre atentos, defendiendo nuestro voto con nuestra necia esperanza de sacar de una vez por todas a la corrupción de la Nación.

La entrada a Colonia Lodazal, donde se encontró mi casilla para disfrutar de un democrático día.

Yo no sabía que mi fraccionamiento era un ghetto de clase media rodeado de miserables colonias, no hasta este día. Drenajes a cielo abierto, calles encharcadas y pestilentes, escuelas en ruinas.

Cuando llegué, vi que yo era diferente a la gente junto a la cual iría a votar y mi furia se calmó como en una epifanía; debería venir a aprender, no a perseguir.

Los seres aquí tienen los vientres abultados, su estatura es corta, los niños traen manchas cutáneas y pelo tieso, el lodo seco son sus zapatos. Aquí se llama –paradójicamente- La Moderna, pero la renombraré para este artículo Colonia Lodazal. Las únicas construcciones sólidas que hay aquí son el Reclusorio y el Panteón, probablemente son los dos destinos de estas gentes.

Dentro de la casilla había muchos representantes de los partidos lo cual aumentó a mi tranquilidad. Los de los partidos “progresistas” estaban prendidos, incluso impertinentes con los pobres presidentes de casilla que ya llevaban una hora de retraso en la apertura. Rápidamente identifiqué a los mapaches del PRI (mejor mapachas, todas eran mujeres), traían sus mejores ropas de nylon opaco por el sol que hace muchos años debieron brillar en alguna fiesta de 15 años. Marcaban nerviosas sus celulares, se movían en camionetas que hace varias décadas debieron ir a parar al deshuesadero, traían carpetas y listas.

Por más que las seguí entre las casillas de las colonias -una más miserable que la anterior-  las veía con ganas de hacer algo que no podían. Así, cuando una espía mía se les pudo acercar, escuchó que le decían a alguien por teléfono “no podemos hacer nada, hay mucha gente”. Eso nos llenó de orgullo, la Operación Antimapache era un éxito en este rincón de Oaxaca.

Mapachas por 1000 pesos.

Para en la tarde, regresé puntual a Colonia Lodazal para ver el cierre de la casilla y ahí estaban las mapachas. El bochorno de la humedad y el aburrimiento hicieron que se hicieran bolitas de gente y comenzáramos a platicar. Contaron cómo en la colonia se habían “quemado” porque alguien soltó el rumor de que ellas eran las que estaban comprando votos y la gente iba a tocarles la puerta pidiendo el dinero. En broma y en serio decían que si a ellas les hubiera llegado ese dinero, antes de repartir se lo hubieran quedado pues bien falta les hace.

Las casas de Colonia Lodazal, miseria urbana extrema.

Dijeron sentirse abandonadas por la estructura del PRI, “a mi nada más me dieron 100 pesos para el saldo del celular, ¡100 pinches pesos!, si le hablé a toda la colonia para que vinieran”. Comentaron que estaban nerviosas pues habían “invertido” en taxis, gasolina, celular, copias para ganar la casilla y que les habían prometido 1000 pesos a cada una si ganaba el PRI la casilla.

Por dentro pensé, “por 1000 pesos entregan a sus vecinos las mentiras del PRI”. Sí claro, para mí es fácil, yo gano esa cantidad en un día de trabajo, ellas lo hacen en un mes, Dios sabe cómo. Esos 1000 pesos sería el equivalente de un aguinaldo o de la caja de ahorro para mí. Entendí por qué se “vendían”.

Hicieron ver que sí hubo compra de votos pero que eso había sido en las semanas pasadas, e insistieron que a ellas no les dieron nada, que sólo en Veracruz había pasado eso, que aquí en Oaxaca no se hizo porque “ya saben que aquí la gente recibe el dinero y luego queda mal, o se hace pendeja y no va a votar de plano”.

Pescando mierda.

Cuando eran las 8:00  de la noche, los funcionarios ciudadanos seguían contando los votos y entre las mapachas sólo había caras largas. Las filtraciones desde la reja indicaban que sus opositores, los partidos de la coalición Movimiento Progresista, habían ganado en este rincón olvidado de la Patria. Adiós a los 1000 pesos, adiós a un par de zapatos, al ventilador, y a las gallinitas para comer carne algún día, o al pago del albañil para que deje de meterse el agua a la casa.

Niños divirtiéndose pescando en los drenajes a cielo abierto de Colonia Lodazal.

Mientras la interesante conversación se desarrollaba, vi al fondo unos niños intentando hacer lo impensable: pescar algo en el drenaje abierto. También sus mamás que andaban de mapachas hacían lo mismo: pescando mierda inútilmente.

Llegó el muchacho que vendía golosinas cantando sus productos con chistes de esos que hacen reír a la gente pobre “¡hay papás y chacharrones!”, las bocas chimuelas sonríen, “¡chocolates derretidos, a 3.99!”, se oyen las risas, “¡cocas frías para los nervios!”, la carcajada popular se desata en una pequeña venganza contra las mapachas.

Cuando las nubes empezaron a tronar alguien dijo “ya vámonos, gane quien gane, mañana tendremos que salir a trabajar o no comemos”, esto es el mejor resumen de la democrática jornada en los barrios pobres, donde vive el 70% de la población.

Llegó un tremendo aguacero, de esos que caen por el Papaloapan. Vi a las mapachas, empapadas, imóviles en sus sillas de plástico, esperando a que colgaran la hoja que confirmaría que aquí, hoy habían perdido. Les importaba poco que Peña Nieto hubiera ganado en el resto del país, aquí ellas no le habían apostado al caballo ganador.

¿Y ahora qué?

La gente educada de la Ciudad de México denunciará porquerías tradicionales y novedosas del PRI: fraude electrónico, fraude sicológico, gastos excesivos de campaña, compra de votos, contratos publicitarios ilegales y demás. El IFE multará en un par de años con unos cuantos millones de pesos al PRI y ¿a quién le importa? si la multa será pagada con dinero público. La dictadura del PRI se ha restaurado, eso es un hecho y viene sostenida de la miseria.

De lo que aprendí en Colonia Lodazal puedo decir que:

el hambre mata a la democracia,

la incapacidad conduce a la transa,

la desesperanza inhibe la participación,

la ignorancia promueve las malas decisiones.

Esos son los enemigos, escoge tu trinchera y empieza a combatir.

Resultados de Colonia Lodazal, aquí perdió el PRI, a pesar de la miseria, aquí hay más dignidad que en otras partes del país.