La fotografía de un muchacho (Por qué nunca votaré por el PRI).

Posted on 31 mayo, 2012

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Ya es de noche y estoy ahí en medio de la fotografía. Traigo el pelo largo y tengo 21 años pero a pesar de eso me veo muy cansado. De hecho lo estoy, llevo dos días sin dormir. Mientras voy bajando de un templete, mi estado contrasta con el del compañero base de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional que se queda arriba. Detrás de su pasamontañas enarbola una sonrisa de lado a lado, ¡le falta rostro para sostener esa sonrisa!.

 Cuando me tomaron la fotografía.

Es el 15 de marzo de 1999 como a las 9 de la noche, es la llegada de la delegación de 250 hombres, mujeres, ancianos y niños del EZLN a la Plaza Melchor Ocampo  de Morelia, Michoacán. Habían viajado desde Chiapas para promover la Consulta Nacional por los Derechos de los Pueblos Indios que se llevaría a cabo el 21 de marzo. Igual que aquí, en todos los demás estados de la República se repetía la escena. Cinco mil indios zapatistas recorrieron la nación convenciendo en escuelas, ejidos, auditorios, colonias y plazas, de que su lucha es de justicia y dignidad para los primeros de estas tierras.

Yo estaba molido de cansancio porque me habían nombrado responsable de la caravana de autobuses que iría a traer a los indios desde Chiapas. Fue terrible cruzar los retenes del cerco militar en la ida. Los soldados se querían subir a checar el autobús, nosotros alegábamos con ellos porque les decíamos que dónde estaba la orden de cateo, nos mentaban la madre y nosotros pendéjamente valientes sólo con la pinche Constitución de protección entre sus AR15 y nuestras barrigas. Teníamos miedo que nos cortaran las mangueras de los frenos o alguna otra chingadera.

Cuando “entregué” a los zapatistas a los delegados que los llevarían a su vez a todos los municipios de Michoacán dormí mucho, mucho. Justo ahí, después de un breve discurso y que me estaba bajando del templete fue cuando me sacaron esta fotografía.

 Cuando me regalaron la fotografía.

Dicen que México no había tenido una primavera. Yo lo refuto amigablemente, marzo de 1999 fue una gran primavera de esta nación, una gran época para ser joven y rebelde. La consulta fue un éxito rotundo, el entusiasmo desbordaba en las calles, se recuperaron más de 3 millones de votos abrumadoramente apoyando al EZLN y a sus causas, todo con un presupuesto raquítico. Y por supuesto, el gobierno de la dictadura del Partido Revolucionario Institucional tendió un cerco informativo obsceno, nos asustó con soldados y golpeadores, ignoró los resultados de la encuesta, y no nos importó porque sabíamos que estábamos del lado correcto.

Un año después, la dictadura estaba de rodillas apestando a muerto podrido, todos sentíamos que después de 70 años, el 2000 sería el último año en el poder del PRI. Los zapatistas civiles sabíamos que sin importar quién las ganara, teníamos que llevar los resultados de la Consulta de 1999 al Congreso y hacerla ley. Para ello, todos los domingos salíamos a informar. Repartía el periódico El Aguacero que editábamos, explicaba a la gente lo que es la Autonomía y la Democracia Participativa, vendía playeras del Sub y pines para financiar al movimiento.

En esas estaba cuando un domingo de junio del 2000 se me acercó un señor obeso de unos 60 años que pareció estar interesado en mi periódico. Me compró uno y me dijo “ahora yo te quiero dar algo”. Sacó una carpeta crema con mi nombre a máquina mecánica en el dorso, la abrió y me dijo “escoge una, la que quieras”. Dentro de la carpeta había varias fotos mías que databan desde 1998 cuando entré al Frente Zapatista. En unas fotos estaba hablando en mítines, en otras pintando mantas o cuidando mi casilla de la consulta… pero la que me ganó fue esta fotografía que les presento y que aún guardo. Me llamó inmediatamente la atención la sonrisa del compa zapatista y la escogí.

Mientras mi mano se replegaba entendí qué era esa carpeta crema: mi expediente construido por un agente del mal gobierno.

Estaba mi nombre, la escuela donde estudiaba y mis actividades que ameritaban que fuese espiado: “organizador estudiantil”, “editor de periódico”, “orador de mítines”… el tipo me sonrió y se desapreció. Y a mi se me fue la sangre de la cara. Era cierto, el Señor Matanza tenía ojos en todos lados y había estado en su mira sólo por apoyar pacíficamente la lucha de los pueblos indígenas.

 Nunca votaré por el PRI.

El PRI perdió el poder en la nación y desde entonces no he vuelto a vivir nunca otra vez bajo un gobierno PRIísta. Mi expediente se lo llevó el viejo policía, supongo que algún cariño me debió haber tomado, pues a nadie más de mi célula le regalaron una foto así.  Y es que me vio crecer desde ser un escuíncle indigando por la matanza de Acteal hasta llegar a escribir textos de rebeldía en un periódico autogestionado. Nunca lo volví a ver.

No haré dramas innecesarios, nadie me torturó, nadie me encerró en un campo militar, nadie me dejó tirado en la calle, pero a muchos otros sí les sucedió eso. Tuve suerte pues me tocó ser joven al final de la dictadura, pero los que fueron jóvenes antes que yo no corrieron con esa fortuna. Los muchachos del 68, los del 71, los del 88, los del 94, ellos sí pueden contar muchas historias de horror que vivieron a manos de las jaurías del PRI, al menos los que sobrevivieron.

Yo sé de lo que es capaz la dictadura criminal del PRI, cuando muchacho tuve un expediente como agente subversivo aun cuando sólo era un activista pacífico por los derechos indígenas y por la Democracia Participativa.

Por que no quiero que ningún otro muchacho sea espiado y perseguido por ser joven y ser rebelde, sólo por eso, jamás votaré por el PRI.

¡Maldito sea si lo hago!.