Por qué la gente (cree que) quiere votar por Enrique Peña Nieto.

Posted on 28 mayo, 2012

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Enrique Peña Nieto es el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en las elecciones 2012 en México. A pesar de que el PRI condujo por 80 años los destinos de México yendo de mal en peor y dejando una estela de desigualdad, represión y corrupción, el PRI se ve fuerte otra vez y amenazando con regresar al poder después de doce años de ausencia. No va sólo, en esta ocasión sí hay gente que quiere votar por el PRI.

Los analistas internacionales se preguntan cómo un gobernador mediocre, con historial de represión a la disidencia, con una ignorancia cultural que emana generosamente, con relaciones extramaritales, con el sector educado volcado en su contra, puede ser puntero con 8% de ventaja sobre su más cercano perseguidor.

Por un momento dejemos a un lado que las encuestadoras inflan a Peña por 15 puntos porcentuales, que su costosa publicidad es obscenamente omnipresente, que los medios rastreros dan cobertura excesiva a su campaña, que la gente en los pueblos está amenazada por los narcotraficantes y golpeadores priístas.

Sólo por un momento olvidemos que el regreso del PRI sería uno de los actos de estupidez masiva más grandes de la historia de la humanidad e intentemos responder ¿por qué chingados la gente quiere votar por Enrique Peña Nieto?, o al menos, ¿por qué lo cree así?.

El trabajo y el mexicano.

Si yo fuese un estratega electoral enfocaría mi campaña en pocos puntos pero que calen hondo en el pensamiento colectivo. Así que me preguntaría ¿cuál es la característica que el mexicano aprecia más de sí mismo?.

Pensé en la cultura, la familia, la historia, la honestidad… pero no, esos son los valores de un profesionista educado, bien pagado y satisfecho con su microentorno. No, recorriendo la calle concluí que la característica más apreciada de sí mismo por el mexicano es su capacidad de trabajar.

Enrique Peña Nieto se deja fotografiar frecuentemente con obreros. En este acto en Huamantla se comprometió a dar seguro de vida para todas las madres trabajadoras, cálculos conservadores indican que esa póliza colectiva costaría lo mismo que el programa Oportunidades entero, ¿cómo lo va a pagar?.

Los trabajadores en México somos una horda de esclavos masoquistas, somos el país de la OCDE que más horas trabaja al año y el menos productivo. En la calle veo gente pararse detrás de un mostrador 7 días a la semana para vender celulares con un margen de ganancia del 2%, cortar cañaverales por 50 pesos la tonelada, pedalear kilómetros sobre triciclos para vender 300 pesos de golosinas, trabajar horas extras no pagadas por todos lados, renunciando a la familia, a la cultura, al ejercicio con tal de mantener el empleo.

Los mexicanos nos dejamos la vida trabajando y estamos orgullosos de ello. Despreciamos a los profesores que trabajan sólo las 8 horas legales, admiramos al imbécil que cierra la oficina a la medianoche.

Sólo así se explica que nuestro nivel de desempleo esté alrededor del envidiable 3% y que nuestro promedio de ingreso esté alrededor de los patéticos 250 dólares mensuales.

Hemos sido adoctrinados durante 25 años de capitalismo salvaje para ser autoesclavos serviles y contentos, pagamos por que nos renten.

La campaña “laborista” de Peña Nieto.

Los estrategas de Peña Nieto no son ajenos a estos números, los deben repasar una y otra vez en sus escuelas privadas y alrededor de ellos han diseñado la campaña.

Los spots de Peña Nieto muestran a un tipo con las mangas de la camisa arremangadas (símbolo mercadotécnico internacional de que alguien trabaja), que platica con gente en sus puestos de comercio informal en Oaxaca, que jala parejo con los pescadores en Sinaloa, que se queda noche en una oficina sin ventanas en Monterrey.

En la república televisiva de México 2012, Peña Nieto nos quiere hacer creer por medio de sus impecables spots que es un hombre de trabajo.

Peña Nieto explota la adoración del mexicano por el trabajo, aunque sea informal, aunque sea mal pagado, aunque te arranque de la familia. Trabajo que haya, de lo que sea, pero que haya.

De los 40 “compromisos” nacionales que ha firmado, 20 tienen que ver con el fomento al trabajo y ninguno con la justicia económica. México es workaholico y Enrique Peña Nieto trae licor para todos.

Nos hemos creído el cuento de que un puesto de tamales nos hace microempresarios y que 200 pesos en el banco con interés un orden de magnitud por debajo de la inflación nos hace inversionistas. Ya lo dijo Vicente Fox -ese simpático hijo de puta- los mexicanos quieren “vocho, tele y changarro”.

Esta es la mejor respuesta, querido lector que puedo ofrecer. La gente cree que quiere votar por Enrique Peña Nieto, no por estúpidos, sólo son adictos al dolor. Están desesperados por la crisis perpetua, ignorantes de lo que es el trabajo justo, decepcionados de 12 años de PAN, lejanos de la Ciudad de México, los mexicanos creen que Peña Nieto es sinónimo de trabajo.

No saben ni entienden que el PRI es sinónimo de deuda pública de alto interés, de vender bonos en pesos y pagarlos en dólares después de la devaluación, de rescatar negocios privados con dinero público, de arrendar los recursos naturales de la nación para pagar vedettes, de filtrar movimientos macroeconómicos del gobierno a sus cuates, de cuentas y propiedades en Europa y en Estados Unidos. Transas que pagamos todos con el sudor de nuestra frente.

Los otros candidatos y los otros valores.

Los otros candidatos no han leído bien esta estrategia de convencimiento-manipulación y por lo tanto no están listos para contrarrestarla.

La clase educada de México -estudiantes, profesores, científicos, profesionistas- no se traga la propaganda “laborista” de Peña Nieto. En la fotografía, estudiantes de la Universidad Iberoamericana le recuerdan a Peña Nieto sus nexos con el viejo PRI y con la represión. Estos muchachos no pueden ser engañados, poseen al mundo en sus gadgets, pero ¿y el resto de los mexicanos?

Josefina Vázquez Mota navega totalmente perdida en su campaña. Promete mil cosas sin enfocarse en una sola, habla con voz de fresa en pánico escénico, se viste como pulcra monja e insiste que es diferente a algo o a alguien, todo indica que diferente a sí misma y a su propio partido que tiró por el caño 12 años de estancia en el poder y 12 años de la vida de esta sangrante nación.

Andrés Manuel López Obrador invoca a los otros valores de los mexicanos: la patria, la honestidad, la historia, la cultura y hasta al amor. Esto le está dando un remonte de puntos espectacular donde ha doblado su preferencia electoral de 15% a 30%, prácticamente se ha echado a la bolsa al 80% de los universitarios y al 60% de la Ciudad de México. Pero no ha visto el poder del trabajo en la psique colectiva del mexicano, eso es lo que le falta para alcanzar esos 8% que le separan de Peña Nieto.

No digo que dé batea de babas como Peña, pero que hable del trabajo ya, o se le va la elección y a nosotros se nos queda la pesadilla.