La tarde que platiqué con El Peje.

Posted on 11 mayo, 2012

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Tuxtepec, Oaxaca, México, año 2012. Una de las zonas más pobres del estado más pobre, donde la explotación es tan vieja que ya es una habitante normal. Sólo a él se le ocurre venir a hacer campaña aquí.

Aquí no están los empresarios, sólo los indios. Aquí no están los periodistas de horario estelar, sólo los jodidos.

En este mitin no hay tortas ni vales de despensa, sólo mucho entusiasmo de la gente que abarrota la avenida Independencia. Un mar que bajó de los cerros y de las colonias pobres.

Está tan lleno que para cuando llego los organizadores dicen que ya no hay paso, pero veterano de decenas de mítines y marchas sé por dónde siempre hay acceso: por debajo de los camiones del sonido. Así llego al pie del templete.

Andrés Manuel López Obrador tarda media hora en atravesar a la multitud, peticiones, abrazos, besos, fotos, porras. Cuando pisa el templete, los 40ºC de una tarde normal en el Papaloapan lo dejan bañado en sudor.

Siguen los jaraneros que le regalan sus rimas y las notas del arpa. El Peje toma el micrófono y arenga a la multitud que responde a sus preguntas retóricas. “Esa señora Elba Esther es…” y el pueblo contesta “¡Corrupta!”. “Vender petróleo y comprar gasolinas es como…” y el pueblo contesta “¡Vender naranjas y comprar el jugo!”. “Quieren que regrese el PRI…” y el pueblo contesta “¡Fuera, Fuera, Fuera!”… y así sigue el mitin. Al final dice “esta lucha es para que cuando nuestros hijos crezcan, podamos mirarlos a los ojos y decirles que hicimos todo lo que pudimos”. Así es Peje, así es.

Se canta el Himno Nacional y truena la batucada. Me salgo de la bola por debajo del camión del sonido. Lo alcanzo del otro lado y prodigiosamente, la multitud lo detiene frente a mi.

– ¡No te olvides de la educación superior!, le grito.

 Voltea a verme y me contesta

– ¿Y usted qué es?

– Soy maestro Andrés Manuel, tenemos una universidad muy bonita aquí.

– ¿Es pública?

– Sí señor, es pública. Tenemos muchas carreras, casi todas ingenierías.

El tapón de gente hace que se quede frente a mi un minuto o algo así, a mi me pareció una hora.

– ¿Cuántos muchachos atienden?

– Por ahora como 500…

– ¿Pero pueden atender a más?

– A muchos más Andrés Manuel, hasta 2000 pero nos faltan salones, laboratorios, computadoras, becas…

– ¿De quién dependen, del gobierno del Estado?

– Sí señor, del Gobierno del Estado. Habemos muchos investigadores, somos como 50, muchos estudiamos en el extranjero, todos somos doctores, pero en vez de darnos nos quitan, el Gobierno Federal casi no da nada.

– A las universidades estatales, los tienen muy abandonados.

– Sí señor…

Y la multitud lo vuelve a arrastrar.

– ¡No se olvide de nosotros!, le grito mientras le extiendo la mano.

– No olvidaré, y me aprieta la mano.

¿Cuántos mexicanos le habrán pedido que no se olvide de ellos en la campaña?.

Valieron la pena el pecho a tierra y las manchas de aceite en el pantalón, ahora se suelta la lluvia, de esas que suelen caer por el Papaloapan.