Aquí todo sigue igual – Michoacán después de cinco años de narcoguerra.

Posted on 18 abril, 2012

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Han pasado 5 años y cuatro meses desde que la Guerra contra el Narco se inauguró en Apatzingán, nada más a una hora y media de aquí. Felipe Calderón -el presidente putativo de México- declaró unilateralmente un ataque frontal de su gobierno contra la estructura subterránea y poderosa conocida como los Cárteles del Narco. Sin estrategia, sin objetivos, sin táctica, infiltrado.

Un casco balístico de la Policía Federal muestra los estragos del enfrentamiento con la mafia michoacana en el que murió su dueño. En nombre de la narcoguerra, 60,000 muertos se han acumulado.

El resultado es desastroso. La violencia se salió del mundo del narco y se enquistó en todo aspecto de la sociedad y en todo el territorio de México. Se han acumulado los muertos, los desaparecidos, los huérfanos, las viudas y las cicatrices. Los padres buscan desesperados a sus hijas e hijos tragados por la serpiente de corrupción.

Calderón dice que este altísimo costo ha valido la pena, dice que El Narco está de rodillas al borde de la derrota en este 2012… no en Michoacán.

 Fiesta en la playa. El día.

Las playas michoacanas son maravillosas, sólo tienen hoteles y restaurantes familiares, todavía las grandes hoteleras depredadoras de la naturaleza no han invadido estas playas rurales. Por eso no son visitadas por lo ricos que prefieren a Ixtapa o a Puerto Vallarta. Aquí sólo están los pobres, los que nos gusta lo natural y los que no pueden dejar Michoacán por su “trabajo”: los locos, los envirusados, los trabados, los enfermos.

Están en todos lados, ellos en lo suyo los demás en lo nuestro. Ellos en las cuatrimotos, en la trokona, en los polarizados. Animan sus días con el Movimiento Alterado y con Santacruz. Llegan a las palapas y saludan como todos, comen como todos, ríen como todos, traen niños como todos, pagan como todos. Sólo tres cosas los identifican: la silicona-botox de sus barbies, el tic nervioso de estar viendo el celular cada minuto y la costumbre de mezclar Buchanan’s con Red Bull.

Vista típica de las playas michoacanas. Palapas mudas observadoras de la historia.

Aquí es plaza segura. Igual que Lázaro, que Tepeque, que Uruapan, que Zitácuaro, que La Piedad.

Hoy son los dueños de Michoacán, igual que hace cinco años.Aquí es territorio firme. Las ofensivas de la Federal han fracasado todas. Ellos han tumbado helicópteros, han eliminado traidores, han vencido en la sierra, han descabezado a los invasores, han desfilado triunfales por las ciudades, sus jefes supuestamente muertos son héroes de leyenda, los federales les temen tanto que sólo van en convoy al banco y al supermercado.

Disfrutan la playa con su familia y sus amigos, igual que nosotros, igual que siempre.

 Fiesta en la playa. La noche.

Puestos, comida, artesanías, fayuca, cervezas y al fondo suena la música que tocan las bandas. Pronto alrededor de los músicos se juntan los curiosos que quieren disfrutar el evento. En medio de la rueda, ellos con sus trokonas y su inconfundible pomo de Buchanan’s en la mano.

Sus barbies pistean cocteles en los bares tipo Hawaii oyendo música fresa. Ellos se revientan con la banda y los compas. Aunque sonríen, alzan sus miradas de cuchillo de vez en vez y siempre está el tic de checar el celular cada minuto.

Ellos no son el mero-mero, no son el viejón, no son el patrón. Ellos sólo son la tropa y los lugartenientes locales. Aquí pueden descansar de los combates que se están librando en  los vecinos estados de Guerrero, Guanajuato y EdoMex. Mañana volverán allá arriba, está noche se empedarán con la banda… tensión en el ambiente.

Ministeriales observan uno de los multihomicidios irresueltos durante la "limpia" de 2010 en Morelia. Michoacán es firme territorio narco. Aquí todo sigue igual. Sólo para los muertos algo ha cambiado.

Un convoy de la Policía Estatal bien armado pasa por la avenida retacada de bandas. La música para. Los policías ven al vacío, ellos se sirven otro vaso. Los dos con un ojo al gato y el otro al garabato. Pasan despacio y se van. Ni los policías quieren terminar en un cajón por nada, ni ellos quieren calentar una plaza segura. Ninguno quiere arruinar las vacaciones de Semana Santa. El convoy se aleja y truena la banda con “Arriba Pichátaro”.

Aquí es plaza segura. Igual que Morelia, que El Aguaje, que Huetamo, que Tiquicheo, que Apatzingán. Hoy son los dueños de Michoacán, igual que hace cinco años.

Disfrutan de la noche playera con sus amigos, igual que nosotros, igual que siempre.

Mientras guardo en la cajuela a la cubeta y a las palitas arenosas de mi bebé, al fondo ruge una trokona y Los Buchones cantan “Que siga y que siga, la guerra está abierta, todos a sus puestos, pónganse pechera…”.

Aquí todo sigue igual, sólo los muertos y Felipe Calderón opinan lo contrario.

Aquí todo sigue igual