Las milpas de Los Ángeles, Babilonia.

Posted on 12 marzo, 2012

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Aquí la vida no es fácil. No hay carros último modelo ni hay albercas en los traspatios. Abundan los picaderos y los traficantes. Hay tensión racial entre los pobres, entre los latinos y los negros. La noche es peligrosa. Aquí es Watts, un barrio cabrón situado en la zona más cabrona de Los Ángeles, el South Central.

Pero aquí también florece –literalmente- la esperanza, la unidad de los barrios, la cultura más profunda, la solidaridad entre iguales.

Dedicado con máximo respeto a mis amigos Pace, Meghan, Patrick, Sinji, Karla, JoAnne y

Cristina por enseñarme que en Estados Unidos no todo está hecho de plástico.

 

En la calle 109 E en Watts, 9º distrito de Los Ángeles, CA, está un lugar muy peculiar. Entre casas despintadas y torres de alta tensión se encuentra la granja urbana y jardín comunitario de Stanford-Avalon. El aire huele a nopalitos, cebollas, elotes, salsas y cilantro, todos sembrados en medio de la ciudad por manos campesinas de migrantes mexicanos y centroamericanos.

Los campesinos urbanos de Avalon están festejando un año más de existencia y lo hacen abriendo las puertas de sus granjas para que aprendamos la nueva revolución, la de los alimentos y la autosuficiencia.

Pero el camino ha sido duro. Estos campesinos fueron parte de los South Central Farmers, aquellos pioneros que decidieron sembrar mero en la jungla urbana. Fueron presas de los especuladores y terminaron siendo expulsados de su terreno original por la policía. Seguros de su ideal, acudieron a las autoridades –en especial Toño Villarraigosa y Jan Perry- que les encontraron terrenos públicos para continuar con su revolución. Dos figuras que son notorias excepciones de que los políticos sirven pa’ná.

En las granjas urbanas de Avalon hay milpas, plantas medicinales, aromáticas, chiles, flores y sobre todo, un enorme sentido de dignidad y compañerismo. Trescientos lotes del mismo número de familias son cuidados afanosamente para obtener sus propios vegetales y de vez en cuando, vender sus productos en el nuevecito mercado de granjeros de Watts.

Puesto que los visité en el 2008, me dio mucho gusto ver una nota del 2011 en el L.A. Times que cuenta que los granjeros de Watts siguen en pie, sembrando, pintando de verde a los terrenos otrora ociosos, cuidando su cultura y haciendo la vida más ligera en estos barrios bravos de South Central L.A.

Aquí un pequeño fotorreportaje de aquella magnífica visita donde el biólogo molecular de plantas aprendió de revoluciones agrícolas.

El día que las piñas que crecen en mi jardín den fruta, la primera rebanada será en honor a los campesinos de Watts.

Cuidadosos como son, los campesinos latinoamericanos han convertido espacios baldíos en zona de cultivos y de convivencia. Ahí, en el corazón de Watts, se levantan las milenarias milpas, el sistema de siembra que mantiene en armonía al ser humano con su entorno.

Un jardín, una familia. Catarinas sí, cucarachas, no.

Don Pedro de Guatemala y su milpa en medio de Los Ángeles, Babilonia. La tradicional milpa, mejor ilustrada ni en un libro de texto. Maiz como pilar, frijol creciendo alrededor de su tallo y fijando nitrógeno en su raíz. La sombra de ambos proteje a las calabazas, a las verdolagas y a las plantas medicinales.

La milpa. Maíz, frijol, chile y tomate, los hijos más destacados de América. La de indios y dioses. El corazón y sustento del mundo.

Don Emeterio de Guerrero y las calabazas gigantes.

Taquitos con nopales y cebollas cultivados en mero en medio de Los Ángeles.

El vigilante, por si llegan los envidiosos que nos quieren debilitar

Repollos y sávilas en medio de la milpa. No al monocultivo.

La consejal Jan Perry de Los Ángeles dirige saludos a los Urban Farmers.

Flores, frijoles, maíz, repollos, mariposas. Si tan sólo así fueran todas las urbes. No más pastos aburridos, no más arbustos estériles. Mejor frutas, flores, mazorcas, semillas, vida pues.

Una nopalera en medio de L.A.

Xochitl Dalia, hija de Watts, sembrada con el cariño de las manos de migrantes.