La historia de una bebé y un marino.

Posted on 5 enero, 2012

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En mi profesión, cuando deseamos encontrar algo lo buscamos contra un fondo contrastante. Así, las sustancias brillantes las buscamos contra fondos negros y las obscuras contra fondos blancos.

Así es la guerra. A través de los brillantes versos de José Martí o de Antonio Machado sabemos más de la oscuridad de la guerra, a través de lo gris de las pinturas de guerra de Francisco Goya sabemos del fulgor de la humanidad.

Aunque no seamos Martí ni Goya, todos tenemos pequeñas historias de esta guerra de baja intensidad que vivimos en México: La Guerra contra el Narco. No sólo hablo de las terribles historias de masacres y balaceras, hablo de historias menores, pequeñas, pero que abren los ojos para bien observar, y que -como a aquellos grandes artistas- a nosotros también nos puede ayudar a no olvidar.

 Dedicado con máximo respeto a los miles de familiares de policías, soldados

y marinos caídos en combate durante la Guerra contra el Narco.

Esto sucedió en algún lugar de la autopista 180D por Minatitlán, Veracruz, en noviembre de 2011. Zona y tiempo caliente de la Guerra contra el Narco.

Tensos, alma endurecida y con el dedo en el gatillo se paran los marinos en los retenes. Por aquí sólo se viaja de día, los topones están canijos, no son pocos los desaparecidos y muertos. ¿Guerra de baja intensidad?, nombre elegante para el desmadre corruptor.

AR-15 con lanzagranadas en una mano, bandera roja en la otra señalándome a la orilla de la carretera. Movimiento lento, alto total, motor apagado, ventanilla abajo. Un marino se para frente al carro, otro del lado derecho, otro atrás, uno más al lado izquierdo, un par más están en la trinchera atrás de una Minimi. Todos empecherados, enguantados, capucha cubriendo el rostro, googles oscuros balísticos. El Principal dice muy serio:

 -Revisión de infantería de Marina, descienda del vehículo por favor.

 Todos comienzan a revisar el vehículo detenidamente y en silencio. Mientras me bajo, El Principal comienza a decir:

-¿Hacia dónde se diri…?

Cuando es interrumpido por el marino de la derecha:

 -¡Trae una bebé atrás!.

 Estos entes antropomórficos se convierten repentinamente en cachorros juguetones que se agolpan en el vidrio del asiento de atrás donde mi esposa y mi beba van sentadas. Mueven los brazos y dicen “¡bebéeee, bebéeee!”. Estoy seguro que olvidaron que usan sus cubiertas faciales y que hasta caras graciosas hacían. El Principal olvida que me preguntaba algo y muy serio me ordena que abra la cajuela, observa y apunta una maleta, la más pequeña. La abro.

-Es la ropita de la bebé, ¡qué chiquitos! ¿verdad?. ¿De vacaciones?

-De trabajo, voy a un congreso.

-Es todo, puede irse.

– OK.

El jolgorio de los otros tres marinos continúa y alcanzo a ver que mi bebé reparte sonrisas a granel. Enciendo el carro y escucho que tocan mi ventanilla. La abro y El Principal me dice:

-Espéreme tantito, no se vaya ¿Me deja tocar a su niña?. No vaya a ser que le dé el mal de ojo…

-Sí, claro, déjeme bajo la ventanilla.

La mano enguantada y la capucha que cubren a aquel hombre se asoman al carro, se acomoda su M4 y le extiende la mano a mi bebé que no deja de sonreír y de sorprenderse con aquellos entes. Entre los lentes se observa la piel morena, puedo apostar que todos aquellos muchachos son padres también, sus hijos los esperan en algún pueblo de la sierra.

– Muchas gracias, que tenga un buen viaje.

– Hasta luego…

Pienso “estúpido ‘hasta luego’…” no atiné en decir lo que de verdad quería: Cuídese mucho. Vuelva a casa pronto. Ojalá se acabe toda esta matanza. Gracias por rifársela. Pinche Calderón…

Por lo menos, la bebé les llevó una alegría a estos marinos y les sacó esa brillante humanidad que se pierde tan fácil en las guerras. Gente humilde que cree en el mal de ojo, gente del color de la tierra, arriesgándose por una inútil prohibición y por el mandato del Imperio.

Esta fue la pequeña historia de una bebé y un marino.

P.D.1. 400 policías federales caídos en 5 años, 570 policías muertos sólo en 2011, marinos secuestrados y torturados en Veracruz. No pocas veces son enviados a operativos sin mayor planificación táctica, frecuentemente delatados por compañeros corruptos o por halcones, muchas veces emboscados por los oponentes que van a un paso estratégico adelante, envueltos en una guerra sin sentido.

P.D.2.  No conocemos los nombres de los caídos desde el 16 de diciembre de 2009. Entonces fue cuando el marino Melquisedet Angulo Córdova murió en el combate donde también moriría el poderoso narcotraficante Arturo Beltrán Leyva “El Jefe de Jefes”. Una semana después, un comando de sicarios viajó hasta la natal Tabasco de Melquisedet y ultimó a cuatro miembros de su familia, incluida su madre, su tía y dos de sus hermanos.