Ante la confusión, hay que seguir Las Huellas de las Batallas.

Posted on 9 septiembre, 2011

8




La gente está confundida y perdida. Ante la barbarie de la Guerra contra el Narco salimos corriendo por todos lados. Unos ruegan a Dios, otros dicen que la verdad es amarillismo, aquellos piden que los maten a todos, por allá mejor hacen como el avestruz, por acá son adictos ya a la nota roja, estos más son cínicos y escupen para arriba, y están los crédulos inocentes de la propaganda. Paremos. No le creamos a nadie. Pensemos por nosotros mismos, juntemos el rompecabezas, usemos el regalo cerebral que nos dio la naturaleza y preguntémonos: ¿de qué se trata esta maldita Guerra contra el Narco?.

 Dedicado con cariño a mis familiares y amigos que viven en las zonas de combate de esta

maldita Guerra contra el Narco en Nuevo León y Tamaulipas.

Un periodista llamado Alberto Torres hizo eso. Tomó una cámara y se internó en las zonas de combate. Hombro a hombro con los héroes-demonios anónimos se embarcó, los escuchó y los documentó de una forma neutra y franca.

El producto es una trilogía abierta para las mentes curiosas bautizado “Las Huellas de las Batallas” que se publicó en 2011 en Universal TV en Línea. En las cápsulas de apenas 8 minutos, Las Huellas de la Batallas ayudan a entender cómo llegamos al fondo de la inhumanidad y de la locura en esta guerra que azota todos los rincones de México.

Parte I: La batalla por Monterrey

Monterrey está siendo disputado por las bandas de narcotraficantes, la linea de combate ha penetrado a la ciudad. Los mensajes son claros.

En esta primera parte, Alberto Torres se une a un convoy de la marina que recorre el sur de Monterrey. El Comandante Anónimo, un marino veterano de esta guerra es su guía por las zonas más violentas de Monterrey.

Con voz calmada y con acento indígena, explica cómo sobrevivió a un cruento enfrentamiento con los CDG. A raíz de eso aprendió que la sangrienta batalla entre el Cartel del Golfo (CDG o Golfos) y Los Zetas ha recorrido su frente de batalla hasta la misma ciudad de Monterrey. La otrora orgullosa con su magnánimo alias de “La Sultana del Norte”.

Explica cómo las dos mafias se han adueñado de Monterrey, y cómo cuando el gobierno golpea a unos los otros ya vienen atrás llenando los huecos de poder ante la ausencia de las autoridades locales.

En seguida, Anónimo explica quién alimenta con hombres a Los Zetas. “Si tu vas a un barrio, ya no hay pandillas. Ya hay chamacos Delincuencia Organizada, al que bien la va, al que no: o se sale o se muere”.  La juventud abandonada por todos es la carne de cañón de la mafia.

Después van a las afueras de la ciudad. Anónimo explica como los comandos se esconden en casas abandonadas y miles de brechas. En vivo escuchan cómo Los Zetas tienen espías hasta debajo de las piedras. De forma tragicómica la voz del halcón interceptada por los militares dice “llegaron los del agua”, es decir, los marinos.

Bardas marcadas en Monterrey por las mafias que se disputan los caminos a EUA. Huellas de las Batallas.

Nadie puede tachar al Comandante Anónimo de ser un izquierdista que quiere lucrar políticamente torpedeando a la derecha que empezó la guerra,  ni de ser un pacifista blandengue utópico de mierda, ni de ser un cínico periodista amarillista. Anónimo es un veterano de la batalla, alguien que se juega la vida en esta estúpida guerra, es un marino disciplinado. Por lo tanto, es digno de escuchar cuando reflexiona sobre las causas y la única solución justa a la guerra:

“Esa parte de la juventud que se está perdiendo aquí, en Monterrey. Porque es lo que está alimentado a los grupos delictivos. Ya no hay más. No hay otra cosa que hacer más que rescatar a los jóvenes para que ya no… ¡que se termine todo esto!. Le digo, porque pues 17, 18, cuando mucho 20 y un líder de 24 años ya es una persona con un historial grande de delitos y es quien comanda la delincuencia organizada”.

Ojalá todos los mexicanos pensáramos como el Comandante Anónimo.

Parte II: La batalla por la Frontera Chica.

El Comandante Pakal arenga a sus hombres y reta a sus oponentes, el changuito del retrovisor le da un toque ecléctico a la escena.

El rastro de sangre lleva a Alberto Torres a la Frontera Chica, el brazo de Tamaulipas que abraza al Río Bravo y a Texas. Aquí nos presenta a otro actor anónimo, al Comandante Pakal, un marino, un hombre frío entrenado para matar.

El documental empieza con una revisión de armamento y una emotiva arenga de Pakal a sus hombres “Urra Señores. ¡Una vez más al hoyo!, ¡una vez más al hoyo!”, ahí van al combate sabiendo que pueden no regresar. Pakal también sabe que Los Zetas lo están escuchando y les lanza un reto “A ver si ahora si van a la fiesta”.

Después recorren Miguel Alemán, un pueblo abandonado donde la hierba ha tomado lo que antes eran banquetas llenas de gente. Al mismo tiempo que habla de sus hombres, señala por la ventana las casas quemadas y balaceadas. Cuando explica sus deberes actuales dice “en tiempos de conflictos de baja intensidad -como ahorita- efectuar operaciones de guerra de contra-guerrilla contra las unidades hostiles… como Los Zetas”. ¿Entonces qué?, ¿es o no una guerra Calderón?, pregúntale a Pakal.

El Comandante Pakal señala la ruta de destrucción en la Frontera Chica, calles abandonadas, casas quemadas, desolación.

Después, el periodista explica con mapas por qué el norte de México está en llamas, e invariablemente el dedo apunta a Estados Unidos, el consumidor de la mercancía química y humana que trafican los cárteles. La Frontera Chica tiene la desgracia de ser el paso hacia Texas, y esa desgracia la ha pagado con sangre en la disputa de los dos conglomerados de las drogas: Los Zetas y la mega alianza de Sinaloa-CDG-Michoacán.

Finalmente, reciben el reporte de que un comando de Zetas quiere entrar al perímetro, afortunadamente, no encuentran a nadie y no hay enfrentamiento. De igual forma Pakal decide dar rondines con las ventanas abajo y la música a todo volumen. En la planicie de Tamaulipas suena Diana Ross “I love you baby…” mientras Pakal acaricia a su M-16.

Parte III: La batalla por San Fernando.

Tamaulipas querido, zona donde pasé felices años de mi infancia. Conozco bien el sonido de las chancharras en las planicies, para mi era adormecedor, pero para alguien que no está acostumbrado como el periodista Torres, es ensordecedor. Ahora no hay camionetas llenas de niños yendo a la playa, sólo hay cascajos de camionetas balaceadas y cero rastros de sus ocupantes. Es San Fernando, hoy sinónimo de los crímenes más monstruosos que ha visto esta guerra.

La infame bodega de San Fernando donde 72 cuerpos de migrantes asesinados fueron recuperados. Símbolo de la vergüenza nacional. Culminación de 5 años de impunidad en el sistema migratorio mexicano.

El periodista expone con claridad la importancia de San Fernando para los chacales: es costa con el mar. Explica también como Los Zetas cometieron terribles atrocidades en un acto desesperado por cortar de recursos al CDG. Cuando un negocio como el de las drogas se mantiene artificialmente ilegal, las partes financieras en disputa destruirán la mercancía y los recursos del oponente. Si estos recursos o mercancía son humanos, entonces humanos serán destruidos.

Migrantes sudamericanos de todas edades, mexicanos que iban de mojados al otro lado y gente inocente fue secuestrada en contubernio con los policías locales. Fueron llevados a lejanos lugares y asesinados a martillazos, aplastados por autobuses, enterrados vivos, molidos a palos, los que tuvieron suerte fueron amarrados y recibieron un balazo en la cabeza. Sus restos dejados a podrirse en bodegas abandonadas o en fosas clandestinas de donde se han recuperado cientos de cadáveres. Tácticas de contraguerrilla enseñadas a los kaibiles guatemaltecos por los malditos Yankees de School of Americas, tácticas enseñadas por los kaibiles a los soldados mexicanos que desertaron para formar el Cártel de los Zetas.

Las terracerías de Tamaulipas han sido escenarios de centenas de batallas entre narcotraficantes dejando una cantidad de muertos indeterminada. Sólo los cascajos de camionetas acribilladas atestiguan la violencia.

Nuevamente, el periodista acompaña a marinos en sus patrullajes por la región. Los militares están rodeados por ojos que los observan por todos lados, son escuchados y los escuchan. Saben quiénes son, pero los pierden en los laberintos de brechas. Las estacas (comandos) son prácticamente fantasmas con nombres graciosos “Comandantazo Chamaco”, pero sus habilidades en el terror no dan risa. El Comandante Anónimo II explica la red de ojos y oídos del CDG. Aunque Los Zetas han sido casi derrotados en Tamaulipas por las fuerzas combinadas de CDG-Sinaloa-Michoacán,  el nuevo dueño de Tamaulipas no es la ley ni el gobierno, es el CDG y los marinos observan impotentes como salen unos chacales y entran otros. El mercado de las drogas es infinito.

Después, el periodista va con los marinos a un cateo de un rancho de lujo, aunque el vigilante dice que “la gente mala no ha entrado”, trae una gorra con una Z bordada, la marca de Los Zetas, La Compañía, La Última Letra, sinónimos de los dueños de la noche.

Finalmente, el periodista se mueve con la infantería por las brechas de Tamaulipas y atestigua los restos de decenas de camionetas incendiadas en los combates. De los tripulantes, nada.

Epílogo.

La guerra continúa y continuará mientras sea un negocio lucrativo para los gringos que venden armas, para los narcos que venden drogas y para el gobierno mexicano que vende ilusiones electorales.

Muchas gracias Alberto Torres. Por favor, muéstranos más Huellas de las Batallas.

Muchas gracias Comandantes Anónimo I, Pakal y Anónimo II. Sigan hablando sinceramente de la guerra.

Parte I: La batalla por Monterrey

Parte II: La batalla por la Frontera Chica.

Parte III: La batalla por San Fernando.