¡Puro Apatzingán Primo! o por qué la guerra contra el narco es un fraude.

Posted on 29 agosto, 2011

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Existen ciudades en México cuyo nombre es sinónimo de narcotráfico. Si hacemos una lista de la (in)fama, en primer lugar está Matamoros, Tamaulipas, cuna del Cartel del Golfo, el más viejo sindicato de la mafia mexicana. En segundo lugar está la legendaria Badiraguato, entrada del Triángulo Dorado y cuna del más poderoso conglomerado del narco, el Cartel de Sinaloa. En tercer lugar me atrevo a colocar a Apatzingán, Michoacán.

Dedicado con cariño a mi gente en Apatzingán deseando que pronto esta tierra

vuelva a ser lo que su destino le tiene marcado: un paraíso agrícola donde se den

los mangononones y las sandiyononas grandotototas.

Arriba, El Valle de Apatzingán, al fondo se observa la subida a la sierra de Tancítaro, salida clandestina de toneladas de drogas. Abajo, nulo avance en infraestructura en Apatzingán, el dinero del narco no se invierte en la ciudad.

Aunque legalmente no soy Michoacano, llegué de niño a esa tierra generosa. Creo poder hablar de Apatzingán con conocimiento pues es una ciudad que he visitado anualmente  durante década y media de manera ininterrumpida. Mis lazos afectivos a ella ya son permanentes. He visto con dolor su nulo avance social y económico y su descomposición acelerada en todos los ámbitos.

Por el momento no analizaré por qué Apatzingán se convirtió en una narcociudad (esto lo pueden leer en este otro post), aquí sólo analizaré por qué Apatzingán ES una narcociudad y como la estúpida Guerra contra el Narco en la región es un fraude táctico y político.

¿Dónde está Apatzingán?

Apatzingán está en el otro Michoacán. El que no conocen los turistas. El que no es patrimonio de la humanidad. Es el corazón de la Tierra Caliente y es una zona rica en terrenos propicios para la agricultura legal, todo gracias a obras hidráulicas que se hicieron hace más de cuarenta años.

Sin embargo, en todas direcciones Apatzingán y su valle están rodeados de las más agrestes sierras. Al norte está el final del Eje Transvolcánico y el enorme pico de Tancítaro, de lado opuesto está la Sierra Madre del Sur y sus 60,000 km2 de terreno accidentado.

La vida en la Sierra es difícil debido a una larga temporada de sequía y una violenta temporada de aguas. En la Sierra viven 150,000 personas, casi la misma cantidad que en el Valle. Las  poblaciones que ahí se pueden encontrar tienen déficit de población cada año. Coalcoman perdió el 3% de su población en los últimos 5 años y así igual para Tepalcatepc, Tumbiscatío, Coahuayana, Aquila y el propio Apatzingán.

No es para menos, las opciones para la mayoría son tres, aguantar la mala vida, convertirse en emigrantes y finalmente, como se dice localmente “andar en eso”, meterse al narcotráfico pues. En los últimos 14 años las grandes obras de inversión en Apatzingán fueron sólo dos: la fundación del Tecnológico (con cuatro carreras) y la ampliación inconclusa de la carretera 120. Además de eso, lo único que brota en Apatzingán son casas de empeño, casas de cambio, autos último modelo, mansiones eclécticas en barrios pobres. Señas inequívocas del narcodinero. Apatzingán es un territorio abandonado por el gobierno formal, y dentro de él, la población está a merced de la mafia.

Los millones de dólares que generan las drogas en Apatzingán no se quedan en la ciudad. El narco michoacano derrocha sus billetes en departamentos de lujo en Los Cabos, Zihuatanejo, Puerto Vallarta, Los Ángeles, Austin y San Diego. En autos último modelo que compran en Guadalajara, Querétaro y León. En vacaciones multimeses en Las Vegas, Aspen y Atlantic City. En abogados que tramitan Green Cards a granel. En Apatzingán casi nada se queda, los narcos no tienen conciencia social, no son Robin Hood.

Las más valiosas posesiones.

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Arriba, El convoy de la federal se mueve pesadamente sobre la carretera federal 37 con decenas de temerosos efectivos, no pocos de ellos han muerto por aquí. Abajo, huellas de asfalto derretido por un autobús quemado durante los frecuentes narcobloqueos en la región.

Esos 60,000 km2 de Sierra que se extienden hasta los vecinos estados de Guerrero y Jalisco, son el segundo lugar nacional en producción de mariguana y amapola, especialmente en las cañadas de la Sierra por donde escurre el agua de los huracanes. En los últimos años, esas sierras y sus laberintos se han convertido también en un paraíso para laboratorios clandestinos de drogas sintéticas como el famoso Speed. Toda esta droga se exporta a Estados Unidos. Apatzingán es la entrada y salida a ese territorio.

Otra ciudad entra en juego: Lázaro Cárdenas. El gobierno ha invertido mucho dinero en expandir la infraestructura del puerto de Lázaro. Junto con la infraestructura llegó la posibilidad de importar desde China e India toneladas de precursores químicos para sintetizar drogas.

Lázaro, Apatzingán y la Sierra Madre Sur que las separa, son las posesiones más valiosas de las mafias del narcotráfico michoacanas. Cuando en Michoacán ha habido tranquilidad es porque el territorio es dominado por un facción, cuando hay guerra es porque las facciones comienzan a pelear entre sí. No vale la pena mencionar por nombres a las hordas de zombies que han formado a la mafia michoacana en las últimas dos décadas. Da lo mismo cómo se llamen, si traen apellido, se creen parientes o fantasean con los Cruzados. Todos quieren lo mismo, controlar los campos de cultivo de la Sierra, la entrada y salida de Apatzingán y el puerto de Lázaro.

Recientemente hay otra razón por la que hay guerra: el gobierno. Felipe Calderón –el presidente putativo de México y michoacano de nacimiento- ha embarcado al país en una terrible Guerra contra el Narco. Una guerra mal planeada y peor ejecutada. Su razón de fondo es encumbrar al Partido Acción Royale (Nacional) como el supuesto paladín de la justicia en México, aun cuando sea el causante intelectual de la pobreza e ignorancia que alimenta a la injusticia.

Apatzingán fue donde Felipe declaró la guerra en 2006. Cinco años han pasado, 50,000 muertos se han ido y la mafia sigue ahí como hace cuatro décadas.

Pero por un momento, por uno solo vamos a darle la razón a Felipe: el narcotráfico se puede eliminar de forma militar. Vamos a analizar el magnifico plan de las fuerzas federales: ahorcar militarmente a los cárteles.

Hagamos un ejercicio intelectual y veamos la eficacia de la “ofensiva” del gobierno en el Valle de Apatzingán y en la Sierra Madre Sur.

La táctica de la Policía Federal en el Valle.

El Gobierno ha colocado 6 bloqueos permanentes (retenes) por las cuatro carreteras de acceso a la región: En Lázaro hay dos bloqueos de la marina. En la carretera 120 entre Apatzingán y Nueva Italia hay uno de la Federal. Hay otro Federal en la carretera 37 (según es móvil, pero siempre sobre la 37) y finalmente uno de la Marina en la costera rumbo a Manzanillo. Listo, ¿o no?.

Caminos rurales rumbo a Tancítaro, sobre la carretera 120 en Apatzingán. Caminos alternos que nadie vigila, autopistas del narco. Imágenes de Google Maps.

Cuando se hace un zoom usando la maravilla de Google Maps, sobre la 120 se observa que entre Apatzingán y Buenavista se puede acceder por al menos 10 caminos rurales diferentes jamás vigilados y por al menos tres se puede salir de la región rumbo a Tancítaro y de ahí al resto del país. ¡Hey Federales!, se les están colando por atrás, y no es albur.

OK, pensó una mente brillante en la PF: vamos a mandar 300 efectivos federales más a la zona para hacer bloqueos móviles sobre toda la 120 y por adentro de Apatzingán además apoyados por aire con 2 Black Hawk. Debo aceptar que está muy bien de no ser porque… los bloqueos móviles ¡siempre se mueven a la misma hora!… y… ¡no trabajan de noche!… y… bloquean la 120 a las tres de la tarde ¡a 37ºC de calor!, las narcotrocas están en sus garages en las infames rancherías al pie de la Sierra esperando por la noche y los Federales asoleándose como perros en el Valle.

En la noche… las calles de Apatzingán son un espectáculo tenebroso de halcones y comandos  moviéndose a gusto por adentro y por fuera de la ciudad, narcocorridos a todo volumen y la Federal atrincherada en su cuartel.

Los mafiosos se mueven en pequeños comandos de 4 o 5 individuos en dos camionetas todo terreno. ¿Cómo se mueve el bloqueo “móvil” de la PF?. Se mueve con dos tanquetas, una en vanguardia y otra en retaguardia, en medio van 7 u 8 camionetas pickup con 7 elementos montados como reses en cada una . Todo ese gusano polvoriento se mueve a 50 km/h, a lo mucho. Estas caravanas están hechas para que no los ataquen, no para ser móviles.

La PF tiene una estrategia de presencia defensiva en Apatzingán. El miedo no anda en burro, la Federal fue brutalmente expulsada de las orillas del valle y sus fallidos intentos por penetrar la sierra son famosos, han sufrido decenas de bajas y al menos tres helicópteros han sido derribados. Cinco años de guerra y la Sierra es territorio firme y lucrativo de la mafia michoacana.

La táctica de la Marina en la Sierra.

Plantio de mariguana en medio de la Sierra Madre Michoacana filmado desde un helicóptero de la Marina. Dale click para ver el video.

La Marina ha tomado la batuta en el ataque en la Sierra desde su base en Lázaro Cárdenas.

En YouTube hay videos de los operativos que realiza la Marina. En un helicóptero recorren la Sierra cercana a Lázaro, desde el aire observan plantíos de mariguana por decenas, bajan y cortan a mano las plantas que queman in situ, cae la tarde, regresan al cuartel. El alcance de los helicópteros es muy corto, pues no tienen bases de reabastecimiento Sierra adentro. En este otro video se observa como en el Centro de Comando el mapa de operación que tienen sólo abarca un apequeña porción de la Sierra Madre

Dentro de esos 60,000 km2quedan miles de cañadas inalcanzables para la Marina. Ahí está la mata que alimenta a la mafia. En Google Maps se puede recorrer virtualmente la Sierra. No es nada difícil encontrar misteriosos descampados con accesos por pequeños caminos de terracería en medio de la rugosa montaña. La Sierra está rayada por miles de kilómetros de estos misteriosos caminos que no van a ninguna otra parte más que a descampados.

La Guerra contra el Narco es un fraude.

Misteriosos descampados en la Sierra Madre Sur, en medio de la nada. Imágenes obtenidas con Google Maps.

No se si han notado que hablo de marinos y federales. ¿Y los policías municipales de Apatzingán?, bueno hay 200 municipales para cubrir una área de 1700 km2 y no tienen la confianza de la PF. ¿Y los estatales?, en mi última visita no observé un solo policía estatal en la zona. ¿Y los soldados?, Apatzingán tiene una zona militar cuya presencia en los retenes es casi nula, 8 efectivos pone el ejército y la federal 50, la 43 zona militar ha coexistido pacíficamente con la mafia por décadas.

De cinco corporaciones de fuerza pública, sólo dos operan en el Valle y la Sierra y lo hacen de forma deficiente. La Guerra contra el Narco es un fraude, es simulación, es una guerra perdida de antemano. Felipe Calderón fantasea en su bunker del Distrito Federal y en el Valle y la Sierra, los muertos los pone el pueblo. Muertos en forma de marinos y federales, en forma de sicarios y halconcillos, en forma de niños y mujeres atrapados en los fuegos cruzados.

Esta guerra sólo tiene dos soluciones posibles. Ninguna de ellas necesita balas, marinos, helicópteros, tanquetas ni muertos.

Fotografía de Javier Garcia de un marino tomando por asalto a un montón de plantas artificialmente ilegales en la sierra michoacana. ¡Al suelo pinches plantas rascuachas o les vuelo los meristemos!.

La pragmática. Si el 20% de los canadienses y yankees son consumidores frecuentes de mariguana.. ¿Por qué no legalizar la producción de mariguana?. La mariguana es sólo una planta, ¿por qué no se prohíbe la siembra de caña de azúcar o de uva para evitar el alcoholismo?. ¿Por qué no se prohíbe la siembra de tabaco para evitar el tabaquismo?. Se necesita un mecanismo de regulación de la industria más lucrativa de Michoacán y la tercera cosecha que más efectivo produce a nivel mundial: la mariguana.

La humana. Rescatar el Valle y la Sierra de su pobreza y olvido con inversiones multimillonarias y masivas en agricultura, industria y educación para hacer del narco un negocio menos atractivo para la juventud que busca fuentes de respeto. Los jóvenes terracalenteños de Michoacán han aprendido que un cuerno de chivo puede resolver casi todos sus problemas.

La gente de Apatzingán lo que más quiere es a su tierra, la emigración es un proceso doloroso para ellos. Su adoración  a ella se refleja patológicamente en el narcotráfico. Pueden matar y morir por aferrarse a su Valle y a su Sierra.

Caminos de Michoacán. Tatuajes de la Sierra Sur. ¿A dónde llevarán?