¿Votar o no votar?: esa no es la cuestión.

Posted on 4 agosto, 2011

1


21 de marzo de 1999.

Miles nos levantamos a las 6 de la mañana, nos vestimos de blanco, embotellamos agua y un itacate, tomamos guitarras y altavoces, tocamos las puertas de nuestros conocidos, agarramos lapiceros y junto a una caja de cartón los colocamos sobre una mesa improvisada. Ese fue el día de la Consulta Nacional por los Derechos de los Pueblos Indios.

 Dedicado con máximo cariño y respeto a todos los ancianos, hombres,

mujeres y niños bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional,

impulsores de la Democracia Participativa en México por más de 18 años.

 La Democracia Mexicana apesta a muerto.

Las luces de alerta se prenden. La máquina sembradora de corrupción e ignorancia conocida como Partido Revolucionario Institucional (PRI) regresará a la Presidencia de México. Al menos eso nos dicen el coro de intelectuales de televisión. La prueba que ofrecen es que en las recientes elecciones estatales 2011 el PRI arrasó con votaciones a su favor superiores al 50% llegando al “abrumador” 62% en el Estado de México, Estado gobernado por el putativo futuro presidente.

El PRImen Organizado, la maquina de compra de votos de los más pobres, que son la mayoría de la población. A cambio de unas galletas regalan un cheque en blanco para que les desfalquen sus derechos. Dale clik para observar a la Máquina en su esplendor.

Pero el ojo chinaco y rebelde sabe que algo no está bien. ¿Cuál fue el porcentaje de participación del electorado?: 43%. Dicho más frontalmente el abstencionismo fue de 57%. El flamante gobernador del Estado de México fue elegido con la aprobación real del 26% de la población. Sólo uno de cuatro gobernados habrá dado su aprobación para que ese señor gobierne por 6 años. Llámese apatía, ignorancia, indiferencia, o pobreza; el asunto central es que esta democracia está muerta. ¿Por qué murió?.

Yo apuesto que la causa mortal es la inutilidad actual del voto. ¿Para qué votar por alguien si en medio del camino romperá sus promesas y hará lo que le venga en gana?. El Presidente del Empleo crea Desempleo, el presidente que Sí Sabe Cómo al final No Supo Nada, el Presidente del ¡Ya! termina en el ¿Y Yo Por Qué? y así han pasado 90 años…

Aquel derecho por el que murieron un millón de mexicanos durante la Revolución de 1910 ya no sirve por sí mismo. No sirve ir a pararse en un casilla a depositar un cheque en blanco, el cheque de nuestras cuentas bancarias de ilusiones y credulidades que siempre terminan desfalcadas por el político corrupto. Y así han pasado 90 años…

 ¡Una solución, carajo!. Antes, un recuerdo.

21 de marzo de 1999. ¡Qué hermoso día para ser joven y ser viejo!. Lo que sobraban eran sonrisas y energías. Muchos mexicanos, uno a uno hasta sumar poco más de tres millones fuimos a las humildes casillas a participar en el primer plebiscito que se realizó en esta nación.

Año de 1999. En el metro, en los tianguis culturales, en la playa, en las plazas, en los jardínes, en las universidades, en los conciertos de Rock, los zapatistas salimos a retomar las calles y a construir la Democracia Participativa. Consulta Nacional por los Derechos de los Pueblos Indios, primer ejercicio participativo en México. Fotos de La Jornada

No fue un plebiscito organizado por el poder, ni siquiera era legal ante los ojos de los corruptos. Fue uno organizado desde abajo, pero bien abajo, por unos indios patarrajada que viven hasta mero abajo de México, en Chiapas. Lo organizaron los indios del Ejército Zaptista de Liberación Nacional (EZLN).

Fuimos en camiones destartalados a recoger a 5000 mil bases de apoyo del EZLN a Chiapas, y una pareja de ellos por municipio fue a explicar la palabra justa de los rebeldes a quien les quiso escuchar. Andaron por brechas y montañas, barrios, ejidos, escuelas. ¡Cuánta emoción despertaban los indios encapuchados a su paso!. Y era así porque por primera vez en décadas alguien se paraba en estos lugares a preguntarle a la gente qué pensaba. Plebsicito significa en latín “tomar en cuenta al pueblo”.

En ese histórico plebiscito, nos convocaron libremente a preguntarle a la gente cuatro cosas. Si queríamos un México incluyente de sus culturas indígenas, si queríamos incluir este reconocimiento en la Constitución, si queríamos que terminara la guerra en Chiapas, si queríamos que el que mandara lo hiciera obedeciendo. Y el 95% dijimos que sí a las cuatro preguntas.

Y ese día vimos el entusiasmo de la Democracia Participativa. Sin recursos más que nuestros ideales juntamos una votación igual al 10% de lo que juntarían los poderosos y sus millones de pesos en el 2000. Y el poderoso ignoró los resultados, y no nos importó porque habíamos opinado como hombres y mujeres libres y sabíamos que estábamos del lado correcto y no estábamos solos.

El plebiscito, el referendo, la segunda vuelta electoral, la revocación de mandato, la inciativa ciudadana son herramientas de las democracias modernas que atenúan la ambición del poderoso. No es la invención del hilo negro. Chile destronó al dictador Pinochet en un plebiscito en 1988, Venezuela le regresó a Hugo Chávez reformas consitucionales inaceptables en 2007 y apoyó una versión mejorada en 2009, y así en todo el mundo el Pueblo (con mayúsculas) ha decidido con estas herramientas.

Los chilenos celebrando la victoria del NO en 1988. No a Pinochett y su maldita dictadura militar

 El ideal y la realidad.

Hoy, en días oscuros de guerra, estas herramientas son necesarias para detener la necedad que se ha adueñado de nuestra dolida nación y el Movimiento por Paz y Justicia con Dignidad las apoya. Si las tuviéramos podríamos obligar al gobierno a plantear una nueva estrategia en la Guerra contra el Narco, el presidente FeCal hubiera perdido las elecciones en una segunda vuelta, podríamos sacar a los corruptos diputados príistas de su curules cuando nos viniera en gana. Y si no obedecieran el mandato tendrían que dar un golpe de Estado, y entonces… veríamos de qué lado masca la iguana en las calles y en las barricadas.

Pero siendo realistas… los poderes corruptos que tienen secuestradas nuestras Cámaras Legislativas jamás se atreverán por sí mismos a aprobar medidas que les amarren las manos.

El entusiasmo de la comunidad LGBT y sus simpatizantes no fue suficiente para vencer a la derecha y su Proposición 8.

Estas herramientas democráticas tampoco están exentas de recovecos aprovechables por la derecha y la contrarrevolución. En 2008 fui testigo de primera mano del rostro desolado de los activistas de la comunidad Lésbico-Gay de California al ver en las pantallas de televisión que la terrible Propuesta 8 había sido aprobada. La propuesta 8 fue votada bajo el esquema de iniciativa ciudadana, y promovió la destrucción del derecho previamente garantizado de las parejas del mismo sexo a casarse y formar matrimonio. Una historia aún no acabada que atropelló a la Constitución de EUA y que nadie ha tenido los tamaños para restituir la dignidad. La derecha inundó las televisiones de California con un alud de anuncios homofóbicos que convenció a las mayorías.

La Democracia Participativa no funcionará sin la presión del pueblo organizado y educado, con el triple o quádruple de la solidaridad aglutinada alrededor de los zapatistas en aquel maravilloso año de 1999. Si queremos participar vamos a tener que ser actores de nuestra historia y olvidar el credo de que la vida se vive individualmente para empezar a vivirla en colectivo, coordinado, informado.

El reto es titánico, pero ya lo hicimos una vez, no importa que hayan pasado más de diez años. Hay que hacerlo otra vez. Democracia Participativa a la Constitución para que como dijeron los chingones indios zapatistas, que el que mande ¡Mande Obedeciendo!.