Doña Marina: ni puta ni traidora.

Posted on 27 abril, 2011

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Recomendación de la biblioteca del Fantasma Pachuco: Townsend C  (2006). Malintzin’s Choices: an indian woman in the conquest of Mexico. University of New Mexico Press, pp 287.

Visión del México post revolucionario sobre la Malinche. Mural de Orozco en Bellas Artes. Cortés de forma dominante controla con un brazo a una Malinche, embrutecida, avejentada, con mirada vacía y rostro sumiso. Ambos están desnudos sobre el cadáver de un indígena, ignorado por ambos. Contrástese con la visión de los Tlaxcaltecas.

        La Malinche y la identidad nacional. La identidad mexicana que se ha formado a lo largo de dos siglos de vida como república es desconcertante. Los niños salimos de la primaria con un sentimiento horrible de que hemos sido invadidos en todos los aspectos: tenemos la sangre, el idioma, la religión y el apellido de los hombres que ultrajaron y engañaron a nuestras abuelas indías hace 500 años. Y la peor de todas las abuelas es Malinche, la india que no sólo fue tomada por el esclavizador, sino que además lo hizo gustosa y en el camino, traicionó a su raza y permitió la destrucción de un México indígena idealizado.

Esta identidad formada principalmente por los intelectuales postrevolucionarios, ha creado una sociedad con baja autoestima. Incluso Octavio Paz, el premio Nobel de literatura mexicano, creó un tratado llamado el Laberinto de la Soledad donde toma como una realidad histórica el nacimiento del mexicano moderno de la relajación sexual de La Malinche y a partir de ahí desarrolla sobre nuestros problemas, excesos y traumas.

En el siglo XXI es hora de hacer una reivindicación completa de nuestra identidad, con la historia en la mano, analizando todas estas interpretaciones machistas de nuestra historia. “Machista” es la palabra clave en este embrollo. Malinche es una puta, porque decidió sobrevivir en condición de mujer y de autoridad, y es una traidora porque en el proceso participó con su inteligencia como factor clave en la victoria sobre los Mexica-Tenochcas, el modelo oficial de mexicanidad indígena.

Curiosamente, en este nuevo siglo no es producto de la mente de una mexicana el replanteamiento de la Malinche, es de Camilla Townsend. Esta académica norteamericana en su libro Malintzin’s Choices explora de forma documentada, elegante y entretenida, la gran historia de quien debería ser la primera heroína mexicana de carne y hueso: Malinche. A continuación una breve revisión de los principales temas tocados por Townsend.

Visión de Malinche en el Lienzo de Tlaxcala, dibujado dos décadas después de su muerte. Va ella caminando, siempre al lado del Capitán, ataviada con el más elegante de los huipiles, moviendo sus manos, escuchando y dirigiendo. Es Doña Marina, es Malintzin, es Malinche.

        México no era México. Lo que ahora llamamos México era un crisol de culturas que no se consideraban ni indígenas ni compatriotas. Tlaxcala era Tlaxcala, Tlatelolco era Tlatelolco… incluso los miembros del poder dominante -la Triple Alianza- eran Acolhuas, Mexica-Tenochas y Tepanecas. Malinche hablaba náhuatl como idioma materno, pero no era Mexica. Malinche era de Coatzacoalcos, una ciudad bajo el acoso constante del cuartel de frontera de la Triple Alianza en Tochtepec, quienes probablemente la secuestraron a temprana edad en las múltiples guerras que se libraban en esta zona.

        Una sobreviviente. Malinche terminó siendo esclava de los Mayas a muy temprana edad, pero este triste destino cambió radicalmente cuando unos hombres invadieron desde el mar. Después de semanas de combate, derrotaron a sus captores, quienes la ofrecieron a los recién llegados como tributo. Townsend describe magníficamente el torbellino de ideas que debieron azotar la mente de esta hermosa muchacha de 20 años. Sus opciones eran pocas: pudrirse como la esclava sexual eterna de los subalternos del Hernán Cortés o dar un paso al frente, hablar fuerte y ser la voz náhuatl y maya del Capitán. Malinche apostó su vida al éxito de la empresa de este hombre. Esto fue lo que decidió, sobrevivir, con su inteligencia como arma.

        Participe de una revolución. Malinche no fue la única indígena que abrazó la causa de Cortés de llegar al corazón de la Triple Alianza. Miles de indios de diversas naciones, se unieron en masa para avanzar hacia Tenochtitlán. Y todos tenían buenas razones, los Totonacas habían sido recientemente conquistados por los Tenochcas, los Tlaxcaltecas llevaban décadas siendo estrangulados territorialmente por ellos, los de Texcoco habían sufrido la prepotencia política de los Tenochcas. El ejército conquistador de Tenochtitlán era un ejército de decenas de miles indios que veían al Capitán y sus 600 españoles como sus comandos o fuerzas especiales. A Malinche se le ve dirigiendo a Tlaxcaltecas y Españoles en el ataque intimidatorio conocido como la matanza de Cholula. Se le ve portando un pesado escudo y dando órdenes al calor del combate en una de las calzadas de Tenochtitlan, . Todos estos indios tratados por la historia como traidores, en realidad estaban construyendo una revolución, una nueva realidad que a sus ojos, era mejor.

Malinche dirigiendo las acciones de la masacre de Cholula, ciudad que recientemente había desertado del lado tlaxcalteca y se había pasado a la Triple Alianza. Este tipo de ataques intimidatorios aunque crueles, eran práctica estándar en la táctica militar mesoamericana. El objetivo era dar un severo escarmiento a las ciudades que decidieran cambiar bandos y mostrar a Moctezuma II las capacidades militares de la alianza tlaxcalteca-castellana.

        Constructora de puentes. Si bien es impresionante el servicio de Malinche en el frente de guerra, en la construcción de la paz fue aún más complejo, aunque se sabe menos de él. ¿Cuántas negociaciones se tuvieron que llevar a cabo para que Tenochtitlán se rindiera?, ¿cuántos diálogos entre las ciudades del imperio de la Triple Alianza se tuvieron que tejer para pacificar su enorme territorio?, ¿cuántas discusiones para convencer a los aliados indígenas de continuar hacia todos los rincones del imperio?. Lo que si es cierto es que Malinche también participó en la sufrida marcha de este ejército indígena-castellano hacia la conquista de Centroamérica.

        Madre del primer mestizo mexicano. Sobre su papel como madre, Townsend acepta que es muy difícil saber con certidumbre detalles. Pero Malinche fue madre del primogénito del Capitán, Martín Cortés, el primer mestizo mexicano. Malinche se tuvo que separar de Martín a los seis años por que Cortés lo envió a España a vivir la vida del hijo de un conquistador, la que él hubiera deseado para sí mismo. La historia de Martín es también otra aventura épica. Supo de la muerte de su madre en tierras lejanas, fue parte de los pajes del futuro rey Felipe II, perteneció a los Caballeros de Santiago y peleó a lo largo y ancho de Europa en guerras combatiendo a los enemigos del reino. Regresó a México sólo para sufrir junto con sus hermanos los abusos de los advenedizos que decidieron apropiarse de una tierra por la que no derramaron ni una gota de sangre. Murió en España como un guerrero en batalla y dejó descendencia. Malinche y su semilla sobrevivieron. Cambió su horrible destino de ser una esclava sexual de mayas y castellanos a ser la mujer más respetada de la Nueva España; de condenar a su hijo a la perpetua esclavitud, a convertirlo en guerrero de élite del nuevo poder.

Malinche cargando un escudo en medio de una feroz batalla por la conquista de un puente en Tenochtitlán. A la izquierda se observan las fuerzas Mexicas-Tenochcas lideradas por un guerrero de la orden jaguar. En el centro se observan las fuerzas Tlaxcaltecas (la garza así lo indica) asaltando el puente con ímpetu y bravura. Por el sur, canoas Mexicas-Tenochas lidereadas por un sacerdote-guerrero Lobo se preparan para asaltar un flanco de los atacantes quienes son cubiertos por cañones montados en brigantinas españolas. La retaguardia es cubierta por Hernán Cortés en persona.

La viruela y Malinche. El nuevo futuro ambicionado por los indios que activa y en muchos casos, entusiástamente participaron en la conquista de México se vio truncado por un factor que ni la inteligencia de Malinche podía predecir: la viruela. No se sabe bien de qué murió Malinche, pero la evidencia apunta hacia su muerte apenas a los 29 años  por alguna de las enfermedades que arrasaron con la población indígena en América. Después de la drástica baja de población, vino una enorme crisis que dejó ciudades enteras vacías y una lenta y dolorosa reconstrucción de la Nueva España, pero ya con una población indígena disminuida política y numéricamente.

Es hora de dejar atrás el autorracismo y comenzar a ver a nuestro pasado como parte integral de la historia de la humanidad. Mujeres y hombres que actuaron con lo mejor de sus circunstancias y conocimientos en su momento. Ni ignorantes ni bárbaros, ni putas ni sumisas. Podemos empezar por Doña Marina, Malintzin, La Malinche, mujer valiente de su tiempo y madre del primer mexicano y mexicana modernos.

P.D. Townsend indica que no sabemos el nombre de aquella muchacha esclava que recibió Cortés en 1519, pero que los curas españoles llamaron Marina. Los idiomas náhuatl y maya no tienen el sonido de letra “r”, su más cercano sonido es una “l”, así Marina se convirtió en Malina. En su vertiginoso ascenso como figura prominente en la conquista, Malina fue convertida en figura de respeto como Doña Marina por los españoles y como Malintzin por los indígenas. En un último rebote linguístico, Malintzin fue escuchado por los españoles como Malinche, nombre que llega a nuestros días y que en México es sinónimo de traidor. Ser malinchista es preferir las cosas extranjeras a las mexicanas.

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