13 de agosto de 1521. Las tres versiones de la caída de la Gran Tenochtitlan.

Publicado en 9 agosto, 2011

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13 de agosto de 1521, una noche en el Anáhuac. En el cielo está esa lluvia que invita a perder los ojos en el horizonte. Pero en la tierra… montones de piedras tezontle se amontonan y apenas dejan ver que alguna vez tuvieron trazos perfectos. Los cuerpos sin vida de jóvenes, casi niños se amontonan a la entrada del otrora ruidoso mercado de Tlatelolco, la mayoría tiene las horribles heridas como de mordida de cocodrilo que deja una macahutil tlaxcalteca, los menos tienen la casi perfecta marca de una espada española. Al fondo, por cientos se amontonan niños, mujeres y ancianos sin vida, en sus cuerpos tienen las marcas supurantes del cocolistle, la viruela. No hay un sólo ruido, sólo el silencio de la muerte. Ya no huele a copal, sólo el fétido olor a carne putrefacta. No hay luz en los templos, ya no hay templos.

Pasarán meses para que alguien se atreva a poner un pie nuevamente en esta isla.

 El NO-evento, la NO-fecha.

Pocos mexicanos hacen del 13 de agosto una fecha especial. Es un día más en el calendario. Cuando probablemente sea el día más importante para esta nación. Es el día que marca la rendición final de Tenochtitlan, la ciudad más grande del mundo, capital y corazón del imperio Mexica, aquel que ahora nombra a la nación moderna de México. Día de muerte y nacimiento a la vez.

Maththew Restall llama al 13 de agosto un no-evento, una no-fecha. Algo que sucedió pero que la historia oficial mexicana ha decidido minimizar porque fue el día que unos indios supersticiosos entregaron uno de los más grandes imperios a un puñado de bárbaros malolientes de Extremadura. El 13 de agosto es una herida profunda en la identidad mexicana porque no nos hemos esforzado en entender este no-evento y a estar en paz con él. Nos sigue disturbando: ¿cómo 1000 españoles pudieron abatir a un ejército de miles de guerreros valientes?, ¿por qué Moctezuma fue un cobarde e invitó a Cortés a conocer y desacrar los templos sagrados de Tlaloc y Huitzilopochtli?, ¿por qué nuestros abuelos cafés fueron tan cobardes? ¿porqué nuestros abuelos blancos fueron tan crueles?.

Iconografía oficial del México post-revolucionario sobre la guerra de conquista. Los murales de Diego Rivera en Palacio Nacional ilustran a la Guerra de Conquista no como la confrontación entre humanos sino como la matanza de los indefensos Dioses Mexicas por parte de españoles de lustrosas armaduras. Hasta abajo, apenas se acepta la participación de los aliados indígenas en la forma de un indio vestido de amarillo blandiendo una espada de acero.

Ya lo dice la canción, casi himno de izquierdas, La Maldición de La Malinche de Gabino Palomares:

 Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados. Eran los hombres barbados de la profecía esperada. Se oyó la voz del monarca que el Dios había llegado … Iban montados en bestias como demonios del mal. Con fuego en las manos y cubiertos de metal. Sólo el valor de unos cuantos les opuso resistencia. Y cuando nos dimos cuenta todo había acabado.

 Esta es la visión del mexicano de sí mismo.

¿Pero qué sucedió realmente? ¿Cuáles son los acontecimientos que llevaron a tan terrible paisaje? ¿Fue todo tan fácil para Cortés y sus mil españoles? ¿Estaban los indios paralizados por la superstición? ¿Habrá una versión de la historia que haga humanos a sus actores? ¿Ni bestias sangrientas, ni infantes inermes?.

La primera versión: La visión de los vencidos.

El magnífico nahuatlista Miguel León-Portilla, gran formador de mexicanos orgullosos de sus raíces es quien nos trae la versión de los que perdieron la guerra. El maravilloso y conmovedor libro Visión de los Vencidos es una lectura obligada para todo aquel que ose llamarse mexicano.

Visión de los Vencidos contiene la descripción de la conquista de México y caída de Tenochtitlan desde el punto de vista de los supervivientes. Sin embargo, fuera de su contexto Visión de los Vencidos es el libro que ha alimentado los sentimientos anti-hispánicos y anti-indígenas que tenemos los mexicanos modernos.

Visión de los vencidos en un mural de Siquieros en Bellas Artes. Cuahutémoc, último Tlatoani Mexica sufre el tormento para inducir la confesión de que planea una rebelión contra Cortés. El tormento es dado por españoles metálicos y desalamados sosteniendo a un terrible mastín. Cuahutémoc y su capitán son sólo acompañados por almas de indios muertos con miembros cercenados.

Estos textos no fueron escritos por Mexicas, fueron escritos por Tlatelolcas, los últimos que resistieron el avance de los vencedores. Cuando Tenochtitlan ya estaba arrasado, sólo Tlatelolco resistió y dio alojamiento a Cuahutémoc y sus capitanes. Sus vecinos y opresores.

Los Tlatelolcas culpan de todo a los Mexicas, con el estilo náhuatl de hablar -te digo feo sin que te des cuenta- y dejan claro que los Mexicas fueron supersticiosos, débiles. Todos sus terribles sufrimientos eran culpa de los Mexicas y de su cobarde emperador, y ahora ellos describen su valor y sufrimiento Tlatelolca. La Visión de los Vencidos está escrita con la intención de realzar el papel de Tlatelolco en la resistencia y que no son traidores a diferencia de otras naciones conquistadas que sí le dieron la espalda a Tenochtitlan:

 Fue cuando Pedro de Alvarado se lanzó contra Iliacac que es el rumbo de Nonohualco, pero nada pudo hacer. Era como si se arrojaran contra una roca: porque los de Tlatelolco eran hombres muy valientes. 

 

La segunda versión: La visión de Cortés.

Visión hispanista de la Conquista de México. Sólo un puñado de valerosos españoles empujan sin dar cuartel a miles de Mexicas de armas y estrategias rudimentarias. Tenochtitlan es atacada por todos los flancos, incluso por los famosos bergantines que construyeron los tlaxcaltecas. Los tlaxcaltecas no se ven por ningún lado.

Esta probablemente sea la versión que menos discusión amerite de tan extensamente conocida que es. En las Cartas de Relación que le escribió al rey Carlos V, pues básicamente, el Capitán fue el cerebro detrás de todo. El valor se derrochaba por litros, los aliados indígenas raras veces se mencionan, mucho menos los intérpretes. ¿Por qué Cortés quería todo el crédito?. Pues le estaba peticionando a su rey el máximo reconocimiento como único conquistador de la Nueva España.¡No había espacio para crédito extra alguno!, el enemigo era gigantesco, y ÉL, ÉL tan valiente.

Esta es la principal fuente de la omnipotencia del combatiente español. A leguas, una exageración monstruosa escrita en la desesperación de aquel que ve amenazada la gran empresa en la que ha apostado la vida propia. La Segunda Carta cuenta:

 …y así nos llevaron peleando hasta meternos entre más de cien mil hombres de pelea que por todas partes tenían cercados y pelearnos con ellos y ellos con nosotros, todo el hasta una hora antes de puesto el sol, que se retrajeron, en que media docena de tiros de fuego, con cinco o seis escopetas, cuatro ballesteros y con los trece de caballo que me quedaron, les hice mucho daño sin recibir de ellos ninguno…

Así se las da de superhéroe Hernán Cortés en sus propios escritos. Pero algo no cuadra, ¿Cien mil Mexicas contra un puñado de españoles? ¿Quién cargó la balanza a favor de los hombres de Cortés?.

La Tercera Versión: Los indios conquistadores.

A los indios conquistadores yo les llamo los indios sin historia, pues la historia oficial está escrita con la Visión de los Vencidos y con las Cartas de Relación de Cortés.

Ignorados por los mexicanos modernos que los consideramos traidores e ignorados por sus aliados hispanos por considerarlos un estorbo para sus propias ambiciones. Tlaxcaltecas, Totonacas, Otomíes, Acolhuas y Nahuas de todos los rincones del imperio se unieron en masa a Hernán Cortés para derrocar a lo que a sus ojos era un imperio opresivo, decadente y odioso.

Como avalancha se fueron acumulando los indios conquistadores. Primero los nahuas del Papaloapan y la famosa Malinche, luego los recién conquistados Totonacas del moderno Veracruz y su jefe Xicomecoatl, después los Tlaxcaltecas –acérrimos rivales nahuas de los Mexicas- liderados por Xicotencatl El Viejo, en seguida el Príncipe Ixtlilxóchitl destronado de Texcoco, y finalmente y en masa los príncipes de los valles del moderno Guerrero y Oaxaca.

Visión de los Indios Conquistadores. En el Lienzo de Tlaxcala se ilustra el ataque a un templo en Tenochtitlan donde los Mexicas al mando de un Sacerdote Lobo se han refugiado. Tlaxcaltecas y españoles se mezclan en un ejército disciplinado y ataviado con las más ricas ornamentaciones guerreras de la época. La derrota Mexica es elocuentemente ilustrada por los cuerpos sin vida que rebotan por las escaleras.

Durante los dos años que duró la gran guerra de conquista del Anáhuac central, estos indios guerreros fueron los que voltearon la balanza a favor de Cortés. Si Moctezuma permitió que Cortés entrara a Tenochtitlan fue porque detrás de él había miles de guerreros de estas naciones sedientos de venganza por los años de humillación a que los habían sido sometidos por el Atl Tlachinoli de los Mexicas, la infame promesa de que cuando el Imperio Mexica te pusiera el ojo encima, la misma agua ardería por el fuego.

Estos indios ignorados, considerados por sí mismos iguales a los españoles, exigiendo derechos de conquistador, no sólo participaron en la Conquista de Tenochtitlan, después viajaron a Centroamérica, a los desiertos del norte, a Perú, incluso pelaron en las filipinas contra “chinos sedientos de sangre”.

Los auto-testimonios de los indios conquistadores también los favorecen ampliamente, pues los escribieron para exigir sus derechos como participantes del lado de los vencedores. Tal vez el más famoso sea la XIII Relación de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, nieto del Ixtlilxóchitl, el crucial príncipe destronado de Texcoco que se alió a Hernán Cortés:

 …tomó Cortés trescientos españoles de a pie y ciento cincuenta de a caballo, e Ixtlilxóchitl más de cuarenta mil acolhuas, y algunos mexicanos…

 ¿Será otra exageración como las de Cortés?, aunque hay autores como Pablo García que dudan de la exactitud de estas afirmaciones, es claro que Ixtlilxóchitl, como príncipe competidor del reino de Texcoco, bien podía movilizar una cantidad de guerreros varios órdenes de magnitud mayores a los que podía movilizar Cortés por sí mismo. Los indios conquistadores fueron el fiel de la balanza que llevo a la aniquilación militar del Imperio Mexica. Se puede hablar efectivamente de un ejército conquistador Nahua-castellano.

La cuarta versión: humanizando a los actores.

Yo admiro mucho a Eduardo Galeano y Las Venas Abiertas de América Latina es un gran libro, especialmente en las secciones que hablan del colonialismo moderno. Pero en la parte que habla sobre la Conquista de México, tengo decir que es muy malo. Pero no es en sí culpa de Galeano, es culpa de los historiadores mexicanos del siglo XX que repiten sin cuestionarse la misma historia que más o menos va así:

Hernan Cortés que era un europeo superinteligente junto con una india maldita llamada la Malinche engañó con cuentas de vidrio a un puñado de indios idiotas que se llamaban los Tlaxcaltecas. Juntos fueron a ver al imbécil emperador de los sanguinario aztecas, Moctezuma II, que era supersticioso, pues cuando vio al blanco y barbado Hernán cortés pensó que era el Dios Quetzalcoatl que venía a reclamar su reino. Inmóvil por el terror le entregó el Imperio Azteca, con mínima resistencia. A partir de ahí, los españoles se dedicaron a violar a cuanta india se encontraron en el camino, saquearon a México, exterminaron a los indios, nos contaminaron con su sangre, su idioma y religión, nos inventaron una virgen morena. Desde entonces somos un país tercermundista y traumado. ¡Ufff! ¡qué carga!.

Imaginario del México post-revolucionario sobre la Conquista de México. Detalle de los murales de Palacio Nacional por Diego Rivera. Los indios indefensos están a merced de los conquistadores sedientos de oro y sexo, la violación de las indias por el conquistador está siempre implicita o explícita en el imaginario de la Conquista.

Los intelectuales mexicanos de la revolución han deshumanizado al indio mexicano. Han borrado de la historia oficial su capacidad de hacer política y le han dejado costumbres tribales. Les quitaron sus estrategias de guerra y les dejaron sacrificios humanos. Le han quitado sus idiomas y lo han dejado con dialectos. Le han quitado su arte y lo han dejado con artesanías. Ya hasta les han quitado a la Vírgen Morena y les han dejado el Mito Guadalupano. Los indios y su cultura son admirados en museos. Si acaso son redimidos, es sólo como niños huérfanos.

No, los aztecas no llamaron dioses a los españoles. Les llamaron “teules”, entes de desequilibrio.

No, Moctezuma no le regaló su imperio a Cortés-Quetzalcoatl. Moctezuma fue forzado a negociar con una rebelión generalizada de las ciudades y estados del este del imperio encabezada por Tlaxcala y sus nuevos aliados españoles.

No, los españoles no utilizaban estrategias de guerra de dementes. Para su tiempo, la masacre de Cholula (ideada por los Tlaxcaltecas) fue algo que los Mexicas mismos habían ya hecho muchas veces antes para ganar puntos en las negociaciones.

No, no todos los indios fueron conquistados. Muchos participaron de forma voluntaria y entusiasta en la gran rebelión que destruyó al Imperio Mexica. Juntos, los de Texcoco, Tlaxcala, Huexotzinco, Tepexi, Cempoala y el combinado de españoles lo lograron. Durante muchas décadas, esta victoria se celebró en las plazas locales con recreaciones de la batalla. Los nombres de sus capitanes sobreviven en la academia, pero han sido borrados del pensamiento colectivo mexicano: Ixtlixóchitl, Xicotencatl el Viejo,  Xicomecoatl. Y también el de una mujer, tal vez una de las que ha sido tratada de forma más injusta en el México moderno: Malintzin La Malinche.

No, los primeros españoles nunca tuvieron una política de exterminio racional de indios. De forma involuntaria, la viruela y otras pestes son las que causaron una desgracia demográfica en Mesoamérica. Sin la muerte masiva de indios por las enfermedades, lo más probable es que México jamás hubiera sido colonia de España, los mestizos seríamos minoría, y tal vez sólo Veracruz sería la única ciudad hispanizada en México. ¡Probablemente México ni siquiera existiría!

No, los indios y su cultura no se extinguieron, viven en forma colorida en el presente, en indios y mestizos, a pesar de los nefastos esfuerzos hispanizadores de los gobiernos independientes mexicanos de todos los siglos.

. Los indios conquistadores fueron humanos de su tiempo, guerreando por cambiar su realidad a otra que para ellos, parecía mejor. El factor que echó por la borda sus planes, nadie lo podía prever: la viruela.

El México indígena no desapareció. Está en todos lados, en el color de la piel, el sabor de la comida, las lenguas y culturas indígenas vivas, las toponimias, y en la brocha que cariñosamente desempolva al monolito de Tlaltecuhtli encontrado en 2006 al pie de las ruinas del Templo Mayor.

Yo Acepto.

Propongo ver a los indios del siglo XVI como actores de su propia historia, no sólo como víctimas inermes de ella, y en consecuencia, a nosotros mismos también. Quiero estar conciente que ser mexicano es heredar una historia en continuo que no empezó en 1821, ni en 1521, sino hace más de treinta siglos. Que pertenezco a una de las culturas originales de la humanidad y que en mi sangre corre la de hombres y mujeres normales de su tiempo. No de idiotas y dementes, ni de supersticiosos y fanáticos.

Yo acepto la derrota de Tenochtitlan aquel lluvioso 13 de agosto de 1521.

¿Quieres saber más? Chécate estas recomendaciones del Fantasma Pachuco en las que se basó este artículo:

  •  Alva F, (1969) Ally of Cortés. Texas Western Press.
  •  García P, (2006) Estrategias para (des)aparecer: la historiografía de Fernando de Alva Ixtlixóchitl y la colonización criolla del pasado prehispánico. Ph.D. Thesis. University of Indiana.
  •  Lanyon A (2003) The New World of Martin Cortés. Da Capo Press.
  • León-Portilla M (2003) Visión de los vencidos. Universidad Nacional Autónoma de México.
  •  MacLachlan CM y Rodriguez JE (1990) The forging of the cosmic race, a reinterpretation of colonial Mexico. University of California Press.
  •  Matthew LE y Oudijk MR (2007) Indian Conquistadors: indigenous allies in the conquest of mesoamerica. University of Oklahoma Press.
  •  Restall M, (2003) Seven myths of the spanish conquest. Oxford University Press.
  •  Townsend C (2006) Malintzin’s Choices. New Mexico University Press.